13 noviembre 2019
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Temerse lo peor

08 nov 2019 / 03:00 H.
Juan Antonio García Iglesias
Visto desde fuera

Mañana, jornada de reflexión. No sé con qué propósito bien intencionado se la inventaron sin contar con la capacidad de interiorización y la tendencia al recogimiento que el hecho en sí de reflexionar necesita los llamados a ella, porque dado el ostensible incumplimiento de este “sagrado precepto” hace del todo inútil e innecesaria esta peculiar jornada.

Para mañana se temen movilizaciones, porque anunciadas están en Cataluña, que no incitan a la reflexión sino al levantamiento contra el derecho no solo a reflexionar, que muy pocos o nadie práctica, sino al de la libertad de votar el domingo sin insultos y amenazas, es decir, al de poder acudir a las urnas sin riesgo a ser agredidos, derecho que el Gobierno está obligado a garantizar con todos sus medios y sin contemplaciones de ningún tipo.

La amenaza existe ante la posibilidad más que probable de que tal garantía no se defienda con la contundencia necesaria y los reventadores de elecciones actúen con la impunidad que en ocasiones anteriores les ha permitido adueñarse del “territorio enemigo” y campar por sus respetos (la última vez el pasado lunes con la llegada del Rey a Barcelona) mientras quienes tendrían que frenarlo en seco no se daban por enterados y dejaban hacer. “La moderación es un signo de fortaleza”, ha dicho Pedro el “Fuerte”, porque en ella [en la fortaleza] está la clave de la coexistencia pacífica, de la negociación y del diálogo como vías de solución a un problema, el catalán, que sin embargo no va a menos.

Como esta idea política del Gobierno en funciones sigue en vigor, el riesgo de violencia extrema se palpa en el ambiente y nadie con un mínimo de sentido común lo descarta. “Reventar las elecciones del enemigo” no es un propósito, es una orden. Y las órdenes se dan para que se acaten y se cumplan sin más. Esta orden está dada, se sabe quién la ha dado, así como la plena disposición a ser cumplida. Sin embargo, no se percibe reacción clara del Poder frente a la evidencia. Han pasado los días y nada se mueve en este sentido, lo que hace aún más ostensible lo evidente, o sea, que a este paso mañana y el domingo habrá fiesta separatista por todo lo alto a cargo de los enemigos de la libertad, de quienes por serlo se merecen cualquier cosa menos libertad. Sin embargo, es lo que les están dando para luchar contra ella, es decir, contra la libertad.

A todo esto, Sánchez, o sea, Pedro “el Fuerte”, desde la comodidad que le proporciona su dejación de funciones, escurre el bulto y responsabiliza a Torra de todo eso que los CDR hagan en Cataluña con la idea de perturbar las elecciones y el propósito final de impedir que se celebren, mientras Casado le recuerda la responsabilidad que tiene como presidente en funciones y la obligación de evitarlo con todos los medios que el Estado de Derecho le ha puesto en sus manos, señalándole como único responsable de lo que ocurra ese día.

No reconocerlo así puede considerarse por parte del señalado no sólo una grandísima irresponsabilidad, también una torpeza propia de la imprudencia de aquellos que se empeñan en ignorar el pasado y no valerse de sus lecciones, aunque sea para no caer en los errores que la historia enseña. Y quién mejor que un historiador, además de político, para advertir de ellos y del peligro que acarrean. Historiador, escritor y político, Claudio Sánchez-Albornoz, entre otras cosas, presidente de la República en el exilio, escribió en sus días postreros, ya nonagenario, su último libro, titulado “Aún”, en el que recoge no pocas enseñanzas sacadas de sus muchísimas vivencias, entre las que extraigo está en la que advierte a los “socialistas gobernantes” (que entonces eran Felipe González y su primer gabinete) del deber de no olvidar el curso zigzagueante del ayer, y a los adversarios del de repasar nuestra historia contemporánea para actuar inteligentemente en la encrucijada, y añadió: Antaño se pensó en nuestra patria que gobernar era transigir. La historia nos enseña el error de tal actitud. Pues en la transigencia tratan algunos de asegurarse a partir del lunes su futuro político. Tomen nota de esto porque razones hay para temerse lo peor.