13 noviembre 2019
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Talento y reflexión

08 nov 2019 / 03:00 H.
Santiago Juanes
El bestiario

Por ahí andan nuestros talentos. Pablo Núñez y Juan Vicente, arquitectos, lo son y forman parte de la hornada de profesionales de la construcción que tuvieron que irse lejos cuando llegó la crisis. Muy lejos. Iban y venían. Ahora, son la pieza fundamental del diseño del nuevo hospital de La Paz, el de Madrid, que es un “obrón” de los gordos. De momento, 500 millones y muchos meses de obra por delante. Lo de Salamanca se queda en casi nada si comparamos cifras. Núñez y Vicente tienen su casa aquí y aquí han exhibido su talento: Centro de Láseres Pulsados, CIALE, Neurociencias, el nuevo “Bartolo” (aulario de Enseñanza del Español de la USAL), Residencia-Colegio de Cuenca en el Campus, los ayuntamientos de Aldeatejada y Villares, la Ciudad Deportiva de La Aldehuela, el Museo de la Ciudad en el Cerro de San Vicente o el Centro Cultural Hispano Japonés, esto solo en Salamanca, pero también está su firma fuera de la provincia e incluso de España, en Chile, donde tienen sociedad con Cristian Larraín y Matías Madsen, de una proyección imparable. En fin, tiene mucha documentación de todos ellos en internet, así que no me extiendo. Pablo y Juan saben que somos muchos los que nos alegramos de sus éxitos después de tantas complicaciones y punto.

La noticia ha aparecido en las vísperas del Día Mundial del Urbanismo, que se celebra hoy. El urbanismo, nos enseñaron, es la ciencia que se encarga del estudio de los asentamientos urbanos. Cómo era aquel asentamiento en el cerro de San Vicente de los primeros salmantinos y por qué. Hoy podemos ver sus restos y verlos integrados en un entorno cultural gracias a los arquitectos ya citados. El Urbanismo diseña también los asentamientos para que sean confortables y prácticos, incluso intenta averiguar cómo serán en un futuro. Ahora se habla mucho del urbanismo sostenible. La Salamanca urbana es como es, claramente mejorable, pero encorsetada por su condición de ciudad patrimonio de la Humanidad y un sinfín de normas. Vamos, que se hace lo que se puede, dice un amigo, que es un poco más a medida que nos alejamos del centro. Ahí está esa actuación en el Tormes, que puede convertir al alcalde García Carbayo en el edil más verde de la historia reciente. Va poco a poco, pero va. Por cierto, no es lo mismo urbanismo que urbanidad, palabra prácticamente desaparecida del vocabulario de hoy.

Las orillas del Tormes, en las que apareció Tomás Rodaja, Licenciado Vidriera, y donde el gremio de pescadores tenía sus barcas (calle la Pesca), son un buen espacio para la reflexión electoral a la que se nos llama mañana. Un paseo esquivando gatos. También la música de Coque Malla o Ara Malikian, ambos en Salamanca, pueden sumergirnos en la cavilación. O “La Culpa”, obra repleta de ética y dilemas con un reparto de lujo: Magüi Mira, Fernando Cayo, Ana Fernández y Miguel Hermoso. Pasará por el Liceo gente del teatro y seguro que entre esta veré a nuestra cuenta cuentos Eugenia Manzanera por los viejos tiempos de colaboración con Rayo. Mirar a los ojos a los guerreros de terracota de Xian establecidos en San Eloy, da que pensar, por ejemplo, en qué perdemos con la marcha de Margarita Salas. Adiós irreparable, investigadora irremplazable. Finalmente, tome una berenjena en la mano y métase en Hamlet pero con versos de Quevedo: “la berenjena mostrando, su calavera morada, porque no llegó en el tiempo, del socorro de la calva”. Don Francisco también da que pensar.