17 enero 2022
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Talento perdido

14 nov 2021 / 03:00 H.

    ESTA semana el Centro de Estudios Salmantinos convocó un acto de recuerdo a los miembros fallecidos estos dos últimos cursos. Cuánto talento perdido. María Cecilia Martín, Longinos Jiménez, Josefina Cuesta Bustillo, Damaso García Fraile, Miguel Cruz Hernández y Joaquím Veríssimo Serrao fueron los recordados. De la añorada María Cecilia dijo el también ilustrador y pintor Luis de Horna, brazo en cabestrillo, que pintaba lo que era y fue una guía educativa fantástica para sus discípulos. Recordó que su padre fue represaliado por republicano. Algo que cito porque el acto tuvo lugar en el Centro Documental de la Memoria, entre cuyas piedras y documentos, anda el alma de Josefina, a la que encaja como un guante el título de maestra, que citó María José Turrión, extraordinaria amiga; sus estudios sobre las mujeres en la Historia y la historia de las mujeres, le hacen acreedora de algo que la recuerde siempre en Salamanca, donde su callejero es injustamente parco en género femenino y sus calles escuetas en placas, como tiempo atrás comenté con ella. Málaga nos recordó a aquel Longinos, cura, economista, dialogante y mesurado, de la quinta de otro inolvidable cura, Agustín Ríos, el cura Ríos, hematólogo, que medió en los conflictos sesenteros de la “Ponti” y en los de la Caja. A Dámaso le recordó Dolores de la Calle, que evocó su temple ante toda circunstancia, otro maestro que supo poner en valor lo nuestro y promocionar la música en la sociedad, evocando aquella inolvidable Sociedad de Conciertos que impulsaron entre otros Enrique de Sena o Tomás y Valiente. La presidenta, María Jesús Mancho, nos recordó con cariño a aquella referencia de la cultura árabe que fue Miguel Cruz, el alcalde “rojo” de Franco, alcalde de Salamanca, por cierto, y a ese gran amigo de Salamanca e impulsor de lo portugués, que nos es tan lejano y cercano, Veríssimo. Cuánto talento. Se recordaban los méritos y me venía abajo, me escurría en la silla, evocando, además, a los conocidos que eran citados en el acto.

    Fue la tarde de San Martín. Olía a castañas asadas en la Plaza de Los Bandos, lugar en el que residieron y casaron el príncipe Felipe, luego Felipe II, y la princesa María Manuela de Portugal, jóvenes, primos y desconocidos, porque entonces no había móviles para intercambiar fotografías ni skype. Nuestra María José Muriel estudió bien esa boda y siempre me llamó la atención que Felipe fuese de blanco, algo impensable en estos días, donde ese color se reserva a la novia. La casa de los Solís, en Los Bandos, fue la residencia nupcial de aquellos días de boda para la Ciudad. Este año, los capistas regresaron a la iglesia de San Martín. Muchos, como pude ver en alguna fotografía, de lo que me alegré muchísimo.

    Esa tarde intercambié mensajes con Luis García Jambrina, que ya tiene en máquinas un nuevo “Manuscrito”, el “Manuscrito de niebla”, con Antonio de Nebrija de coprotagonista. Horas más tarde regresaron las nieblas a Salamanca dándole ese aspecto de ciudad onírica. Nebrija será muy citado el año que viene y ya espero con ansia ese 12 de enero la salida de su “Manuscrito”. Fernando de Rojas y Nebrija mano a mano. Lamentablemente, el carboncillo de Joaquín de Vargas no llegó a tiempo de dibujar la casa de Nebrija en Salamanca, aunque sí otros monumentos desaparecidos. El libro, “Dibujos Salmantinos”, ha sido reeditado, felizmente, por el Centro de Estudios Salmantinos y es una joya que le hará exclamar cuánto destrozo monumental en aquel doloroso siglo XIX, siglo galdosiano, cuyo espíritu anduvo ayer de nuevo en Salamanca con Pedro Casablanc y su “Torquemada”. También espero la pronta llegada de la nueva película de Rodrigo Cortés, peliculón, me dicen desde Sevilla, con aires de tragicomedia, ambientada en la Varsovia de la II Guerra Mundial. Ay, Polonia, y ay, Afganistán, recordado el viernes por Nadie Ghulam en el Juan del Enzina. Y naturalmente, la llegada del nuevo obispo, José Luis Retana, que lo será también de Ciudad Rodrigo, siguiendo el sino de los tiempos. Doloroso para los farinatos, sin duda.

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