26 mayo 2019
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Talento

18 abr 2019 / 03:00 H.

Vivimos malos tiempos para casi todo, y sólo las desgracias retransmitidas en directo —el incendio de Notre Dame ha sido el último episodio— nos hacen humanos, falsamente humanos, y solidarios, falsamente solidarios. Todo es escenario y todo es espectáculo. Si no hay audiencia, nadie mueve un dedo. Importa la audiencia, no el mensaje: se tiran a las redes sociales poniendo unas faltas de ortografía monstruosas, y no pasa nada, nadie se escandaliza, es lo normal: los acentos se han ido quedando por el camino, la letra “h” pronto será un petroglifo, y el lenguaje acabará siendo una gran onomatopeya.

Todo es circo y neorrealismo; espectáculo, “landismo” y barrizal. Y entre tanto, inventan palabras o muletillas para parecer lo que no son, personas o grupos cultivados: poner en valor, transversal, sabes lo que te quiero decir, y ahora talento. Estos días se les llena la boca de “talento” a políticos y periodistas; el mundo tiene talento y se alaba el talento que hay por ahí suelto, como si el talento fuera un manantial que baja cantarín de la montaña... Los políticos se ufanan estos días en sus desesperados discursos por “ponernos” talento, por “aprovechar” nuestro talento...

Hablan del talento como si surgiese de unos polvos mágicos, sin saber, pobres borricos, qué es en realidad “el talento” y lo que cuesta adquirirlo o pulir el que traemos de serie. Lancemos una pregunta al aire ¿cuántos políticos de los que se mueven estos días a la caza furtiva del voto consideran ustedes que tienen talento? Exacto: uno, una, ¿dos?, ¿quizá tres, cuatro...? Y paren, no podrán decir que tal o cual político o política tienen talento, porque talento es otra cosa, es por ejemplo lo que ha arruinado nuestros sucesivos sistemas educativos en sus alumnos.

Talento es tener la capacidad de pensar, de reflexionar y de crear. Talento no es abonarse a “Netflix”, meterse en “Google”, o posar para la foto con el pulgar hacia arriba como si fueran todos pilotos de combate de la RAF en la II Guerra Mundial. Talento no es buen rollito y dentaduras postizas demasiado blancas, talento es pretender un mundo mejor.