10 diciembre 2019
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Son pocos y sobran todos

05 nov 2019 / 03:00 H.
Juan Antonio García Iglesias
Visto desde fuera

Ignoro qué fe tienen y cuánta esperanza ponen los políticos en las campañas electorales, pero mucha parece ser por lo que se desprende del entusiasmo que demuestran y de la entrega que ejercen. Es un no parar, un trajín mareante, sin embargo todo es apariencia, teatro, farándula... con el ánimo, sobre todo, de seducir como paso previo al engaño, porque siempre habrá alguien que se deje, para, una vez acabado el show tras la jornada de reflexión, en la que no reflexiona nadie, y la de elecciones, en la que muchos van a votar pensando sobre la marcha a quién hacerlo (a día de hoy, según algunas encuestas, casi un 30 por ciento de votantes aún no han decidido su voto), sacudirse el polvo del camino y olvidarse de todo lo dicho y prometido hasta la siguiente ocasión.

Breve va a ser esta campaña, empezó el viernes pasado y finalizará el próximo, en total ocho días, la mitad de los habituales, pocos, sin embargo sobran todos. Lo que estamos viendo y oyendo está ya tan visto y oído que nos lo podrían ahorrar. Nada perderíamos que no fuera aguantar más de lo mismo. Y más de lo mismo es todo, empezando por la guerra de eslóganes, como si no hubiera nada más serio por lo que centrar el interés y con lo que tratar de ganarse la confianza del electorado, eslóganes que poco o nada dicen, aún así nos empapelan con ellos la ciudad siguiendo el ritual de siempre, tan repetido como la guerra misma. Que si este lo ha plagiado de aquel, que si aquel de este, que si a falta de imaginación propia, bueno es echar mano de la ajena y ver si cuela. Lo del plagio es una pandemia que no deja de crecer. Aparecen plagios y plagiadores por todas partes.

Sin embargo esta lucha inútil y estéril tiene su razón de ser dado el contexto en el que se mueve y que evidencia la mediocridad que domina la casta, empezando por lo más notable que ofrece, es decir, por los candidatos puestos en venta (entre los que sin ninguna duda hay de todo, sin embargo suman mayoría los mediocres más quienes no llegan ni a eso; es la opinión de la calle, que observa y saca conclusiones que a ver después en qué se traducen) y que los partidos anuncian con el mismo énfasis que pone un buhonero al pregonar su mercancía. Esto parece un zoco en ebullición por el que se mueven cambistas, trileros, equilibristas, encantadores de cobras y de todo bicho viviente que pulula por estos lugares dispuestos a no perder un minuto del poco tiempo que disponen.

¿Que faltan líderes resolutos, con carisma, con arrojo, o sea, con lo que hay que tener y en los que poder confiar? Sin duda, pero también materia a la vista de donde poder sacarlos.

“Ahora sí”, dice el eslogan del PSOE. Que sea plagio, como aseguran que lo es, o no, da igual porque nada cambia, ni su significado, ya que si ahora es sí es porque antes era no, treta de palabras que da pie a pensar (por mera sospecha, al conocer el percal y saber de qué pie cojean) que después de ahora tampoco. ¿Lo veremos? No lo descarto.

Esto lo escribí antes del debate de ayer, que por razones de tiempo no pude esperar. Sin embargo, ya he oído bastante, con el de los siete portavoces parlamentarios de la semana pasada va uno servido. Además, quienes a estas alturas no tengan el asunto claro y se presten a dejarse persuadir ante el televisor como si tuviesen en pantalla “El Hormiguero”, mal asunto, por tanto, sobran esfuerzos, molestias y afanes de convencer con palabras quienes no lo han logrado con hechos, porque tiempo y oportunidades han tenido.

En aquel debate alguien dijo esto: “Todas las campañas son importantes, pero hay una derecha tramposa que está haciendo una campaña sucia para que ustedes no vayan a votar, una vergüenza para la democracia”. Lo dijo una voz de la izquierda, la de Adriana Lastra, quien refiriéndose al PSOE añadió: “Somos la izquierda que convierte propuestas en hechos”, el mismo partido con el que para Cayetana Álvarez de Toledo “no habrá jamás Gobierno, sino parálisis y caos”. ¿Quién está en lo cierto? Para escuchar banalidades mil veces dichas de mil maneras distintas con sus respuestas ya sabidas, sobra campaña.