08 julio 2020
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Siempre queda un tonto

27 jun 2020 / 03:00 H.

    A Pablo Echenique no le gusta Amancio Ortega y quiere coserle a impuestos con la tasa a los ricos que ha frenado de momento Pedro Sánchez. “Seguramente esté de acuerdo”, dice, porque es “de solidaridad con la gente humilde”. Muy diferente a la que aplicó el portavoz de Unidades Podemos con el empleado al que pagaba en negro y privaba de la Seguridad Social. Siempre queda un tonto y en este caso, varios.

    A Pablo Iglesias por supuesto que tampoco le gusta Amancio Ortega y siempre repite la misma cantinela machacona y mentirosa: “Una democracia digna no acepta limosnas de multimillonarios”. Iglesias reconocía que Ortega paga la cantidad que le corresponde de impuestos pero considera, porque sí, que debe ser más. Amancio Ortega jamás se ha molestado en contestarle.

    Sí lo hizo Zara el pasado marzo porque ya lo de Juan Carlos Monedero estremecía a cualquiera. Resulta que Inditex aguantó sin ERTE para sus más de 25.000 trabajadores de las 1.500 tiendas entonces cerradas y pagó el 100% de sus salarios y el cofundador de Podemos se despachó acusándole vía Twitter de haber despedido a sus empleados “para que entre todos paguemos el 75% de su salario”. Hasta a la ministra podemita de Trabajo, Yolanda Díaz, le dio vergüenza el comentario y enseguida salió a defender a Amancio Ortega y le puso como ejemplo del resto de empresas del país por su renuncia millonaria al ERTE. Sus compañeros seguro que lo achacaron al compadreo entre gallegos.

    “Ahora venid a contarnos que nos van a regalar mascarillas”, dijo Monedero. Sí, y fueron más de 300.000 cada semana las que donó el dueño de Inditex desde la última de marzo, en plena pandemia, además de la confección de batas protectoras para el personal sanitario, y de prestar el carísimo apoyo logístico para transportar desde el gigante asiático compras de material sanitario del Gobierno... Pero a Monedero y sus colegas les parecería mejor que les diera el dinero a ellos y repartirlo: no les va este sectarismo de que cada uno haga lo que quiera con lo suyo. La candidata de Podemos en Madrid ya había rematado la jugada acusando a Ortega de crear “desigualdades, y enfermedades y pacientes de primera y segunda clase”.

    Las tonterías sobre Amancio Ortega no han dejado de crecer por parte de los morados porque en ellos prendió el ejemplo de vida del maestro Hugo Chávez. Azote de los dueños de patrimonio, el dictador venezolano pronunció en 2005 su famoso “ser rico es malo e inhumano”. “A quienes su trabajo ya les haya producido grandes riquezas, deberían donar todo”, decía. Cuando murió, él que era pobre hasta el punto de que su madre se lo dejó a su suegra para le criara, amasó con su política de expropiaciones una fortuna superior a los 500 millones de dólares mientras aplicaba a los demás su socialismo del siglo XXI. A sus herederos no se les pasó ni por la cabeza desprenderse de la fortuna ni se les conocen donaciones.

    Pablo Iglesias e Irene Montero son fieles valedores de la ley del embudo de Chávez: se encargaron de cambiar los estatutos de su partido para que los cargos públicos pudieran cobrar más del triple del salario mínimo, en su caso el 4,5, y tuvieron trato de banco amigo en su hipoteca. Lo de vivir en Vallecas está bien, pero para los demás.

    A Iglesias no le gusta Amancio pero viste de Zara porque sí le va su empresa. “España no es una república bananera que dependa de que un señorito venga dando cosas”, dijo. Un señorito que tuvo que dejar los estudios a los 12 años para ponerse a trabajar. No soportan que haya sido obrero, al contrario que ellos.

    Pero Amancio Ortega no miró hacia atrás cuando llegó la crisis. Dejó a un lado las duras críticas que recibió cuando regaló a la sanidad pública 440 equipos de diagnóstico y tratamiento del cáncer y mientras Pablo Iglesias se saltaba la cuarentena, él volvía a ser solidario para salvar vidas, sin importarle que Podemos volviera a la carga. El Princesa de Asturias debería ser cuanto antes para él, como lo fue el cariñoso aplauso regalado desde los balcones de toda España el día de su cumpleaños, en plena pandemia, y el estremecedor baile de sirenas de los sanitarios a la puerta de su casa para desearle un feliz día. A Pablo Iglesias le ronda la Guardia Civil, pero obligada.