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EL BESTIARIO

Doy por perdida la boina

Las pantallas impedirán, creo, que veamos más allá de nuestras narices, y esto puede tomarlo como metáfora o no, pero se advierte de ello

Domingo, 23 de julio 2023, 05:30

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Urnas y encuestas vuelven a enfrentarse esta noche. Después de semanas atacados por sondeos que otorgaban victorias y atribuían derrotas ficticias, la realidad se impondrá dentro de unas horas y los demoscópicos buscarán disculpas y explicaciones allí donde no las hay, como los economistas razonan las crisis que no vieron venir. Una realidad, por cierto, que sale también de los buzones en estos tiempos en los que casi nadie escribe cartas y todo se dirime en las pantallas; los primeros triunfadores del día son los carteros, que han tenido que llamar dos, tres y más veces para entregar el material electoral. Cuando uno era niño el cartero iba con un silbato, que tocaba en el portal un número determinado de veces; tres si había carta para el tercero, dos para el segundo… Luego llegaron los buzones. Iban con abultadas carteras por el barrio y una carta entonces era una sorpresa. Un poco como ahora.

En aquellos días los jubilados llevaban boina, como el abuelo de Víctor Manuel o Pío Baroja, bien calada, al contrario de hoy que se han sumado con entusiasmo a la gorra beisbolera. Doy por perdida a la boina, que inmortalizó los papeles paletos de Pepe Isbert y a Paco Rabal en los «Santos Inocentes» de Miguel Delibes.

La boina es hoy una reliquia y en Cabrerizos protagonista del concurso de lanzamiento de boina. La gorra publicitaria conseguida de la Feria Agropecuaria y lucida en la excursión del club de jubilados o el viaje del Imserso es hoy una elegante gorra con su correspondiente marca, que convierte a nuestros mayores en elegantes jubilados de Miami aunque estén en un parque de Garrido o Tejares.

Antes que la boina, llegaron a la estética jubilar las «deportivas» como calzado del día a día, que lo mismo sirve para el recomendado paseo para la tensión y el colesterol, que para ir a la compra, aunque han sido ellas las más entusiastas de las «deportivas» relegando a los tacones al cajón del olvido. A «Barbie» le daría un ataque. La película inspirada en la popular muñeca está arrasando y anuncia un tiempo en el que impere el color rosa y nos recuerde aquel «tiempo de rosas» que cantaba Serrat. Es una película para todos los públicos, es decir, desde chicos de la «Generación Z» a «Boomers», pasando por los «Milennials», a diferencia de su rival en pantalla —la última de Harrison Ford— dominada por las gentes de mi generación. La gorra beisbolera ha desplazado a la boina y también a la visera, que tengo unida a «Miguelón», o sea, Miguel Martín, genial actor salmantino, que aparecía de repente en la sala e informaba del próximo viaje del club del jubilado, y lo hacía con la visera en la mano, convirtiéndonos a los asistentes en jubilados por unos minutos.

He pasado la jornada de reflexión mirando a las montañas bejaranas desde La Cerrallana, escuchando canciones de Tony Bennett, que ha sido una de las pérdidas de estos días junto a la de Jane Birkin, Marta Chávarri y nuestro José María Barahona, que atendió unos años mis ojos. Fue al primero que escuché que tanta pantalla daría lugar a generaciones de miopes, que no podrían ver las montañas a cierta distancia, ni tampoco reconocer a los suyos. Las pantallas impedirán, creo, que veamos más allá de nuestras narices, y esto puede tomarlo como metáfora o no.

Dentro de unos días será mi santo y en el Bosque de Béjar sonará la formidable voz de Michele Hendricks como una aportación más a ese gusto salmantino por el blues y el jazz materializado en festivales. Santiago es también Santa Ana, celebradísima en Candelario, y Santa Marta, festejadísima en Santa Marta de Tormes. En ambas localidades se calientan motores para esta reunión festera que anuncia a agosto y su correspondiente despliegue de paellas populares y verbenas.

Urnas y encuestas dirimen hoy sus diferencias en este día electoral marcado por los votos postales, que no garantiza que no tengamos que volver a votar. Sería una sorpresa, sí, pero cualquier día electoral nos deja una sorpresa o varias, y este no va a ser diferente.

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