25 mayo 2019
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Sánchez, vivo pero muy tocado

25 abr 2019 / 03:00 H.

A falta de tan pocos días para las elecciones generales, no importa tanto quién ganó o quién perdió los dos grandes debates televisados, sino la influencia que el espectáculo a cuatro bandas haya podido tener sobre los siete millones de españoles que llegaban a la última semana sin haber decidido el color de su papeleta.

Tal y como publicaba este periódico el pasado lunes, los dos bloques de la izquierda y el centro derecha llegan empatados al tramo final de la campaña y ambos lejos de la mayoría absoluta, según una encuesta de Metroscopia. Una situación que, de confirmarse el domingo en las urnas, solo beneficiaría a Pedro Sánchez, dispuesto, preparado y casi con seguridad juramentado para negociar la investidura con Unidas Podemos, ERC, Bildu, PNV, JxCat y cualquier otro grupo separatista o golpista. Lo que haga falta.

Con ambos bloques a un puñado de escaños de la mayoría, tal y como refleja la media de los sondeos, la pelea a cuatro bandas en TVE y A3 ha podido inclinar la voluntad de un número suficiente de electores como para desequilibrar la balanza.

¿Y en qué sentido han podido influir los debates? Desde luego, no parece que Sánchez haya convencido a ningún español con la verborreica exposición de las ‘maravillas’ de sus diez meses de ‘Gobierno Social a golpe de decreto ley’. Los ciudadanos saben perfectamente que todas esas medidas para la galería, aprobadas al margen del Congreso, no solo no han mejorado en nada su vida, sino que han tenido un efecto perverso sobre la convivencia y la economía: el problema catalán se ha agravado por su condescendencia con los golpistas, se han ralentizado el crecimiento y la creación de empleo (cuya precariedad no disminuye), el déficit y la deuda se han disparado, y el riesgo de una nueva recesión amenaza en un horizonte.

Su gran baza, que era atizar el miedo a la llegada de la ultraderecha, la perdió al anunciarse la ausencia de Vox. Y Sánchez estuvo siempre descolocado, a la defensiva, leyendo su programa (consistente en las inocuas medidas ya aplicadas) e incapaz de hacer frente a las dos cuestiones con las que Pablo Casado y Albert Rivera le cercaron durante tres horas y media: ¿indultará a los golpistas? ¿pactará con los que quieren destruir España?

Los analistas profesionales aseguran que el Doctor Sánchez salió vivo tras ambos combates. Y es verdad. Pero, ¿quién dijo que tuviera que salir muerto? Sigue vivo pero ahora mismo a ningún indeciso le puede caber la duda de si va a pactar o no con los separatistas. Todos sabemos ahora que lo hará. Le hubiera bastado con negar indultos y pactos para crear esa vacilación en los electores, y muchos pensábamos que lo haría, mintiendo como acostumbra. Pero se resistió con tozudez, y lo hizo a sabiendas de que perderá apoyos por ello. Tal es el poder de Puigdemont, Junqueras, Torra, Otegui y sus secuaces sobre el todavía presidente del Gobierno.

Casado y Rivera estuvieron acertados en líneas generales. Al candidato popular se le vio un poco envarado en el primer debate y al naranja un tanto gamberro en el segundo, pero ambos han dado motivos a los electores para pensar que están unos cuantos metros por encima, en altura moral y política, respecto a Sánchez.

No creo que ninguno de los dos haya dado motivos para perder votos en favor de Vox y menos aún del PSOE, al igual que Iglesias estuvo acertado y con los debates solo puede haber subido en valoración. Y en conjunto creo que Rivera y Sánchez supieron transmitir que los españoles nos jugamos mucho el domingo y de que el Doctor que nunca leyó su tesis representa un peligro para la unidad de la nación mientras esté dispuesto a ponerla a los pies de los separatistas. Cuando Sánchez aseguró, en el segundo debate, que no habrá referéndum ni secesión de Cataluña, tenía la misma credibilidad que cuando presentó la moción y dijo que convocaría de inmediato elecciones. Y se le notó.

Así que el panorama se ha despejado tras los debates y ahora toda votar en libertad lo mejor para España.