03 agosto 2020
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Sánchez, por favor, no cojas el virus

25 mar 2020 / 03:00 H.

Quién nos iba a decir que a estas alturas de marzo estaríamos rezando para que Pedro Sánchez no coja el virus, porque tras la baja de Carmen Calvo (otra enferma entre las pancarteras del coronavírico 8-M), Pablo Iglesias sería presidente en funciones y daría un golpe de estado al estilo caribeño, porque va en sus genes comunistas.

En fin. Quién nos iba a decir que a estas alturas estaríamos encantados de poder seguir hablando de las ocurrencias de los golpistas catalanes, como hacíamos hace menos de un mes, y de la España que se rompía ante las narices de un Gobierno tancredo, de los problemas de quiebra de la Seguridad Social o del crecimiento descontrolado de la deuda pública.

Todos esos asuntos han sido barridos por el viento de la pandemia. Llevo tres semanas opinando sin parar del coronavirus. He escrito de casi todo, casi siempre para criticar y muchas veces para pronosticar catástrofes. Lo cierto es que algunas denuncias fueron premonitorias. Por ejemplo, el viernes días 6, hace dieciocho días, escribí: “La epidemia de coronavirus lleva camino de convertirse en la fosa del Ejecutivo socialcomunista, cuya debilidad, falta de coherencia y capacidad para producir insomnio a los españoles se está confirmando a medida que avanza la enfermedad... Les han atropellado los contagios y van a acabar anunciando, tarde y mal, las prohibiciones que se negaron a aplicar cuando se veía venir la explosión de casos”. Augurio confirmado.

Dos días después, el 8 de marzo de nuestros pecados, decía en esta misma página: “El Gobierno tenía hoy domingo una buena oportunidad para demostrar su sensibilidad con la epidemia adoptando alguna medida para evitar el contagio en las manifestaciones del Día de la Mujer que se prevén multitudinarias. No lo ha hecho... Parece que el alineamiento sin fisuras con la ideología de género está muy por encima de la defensa de la salud de todos los españoles”. Otro pronóstico cumplido.

Y han sido críticas no solo al Gobierno, también a la Junta. El día 12 apunté: “El tiempo dirá si las recomendaciones aprobadas ayer resultan suficientes para evitar el contagio descontrolado en Castilla y León, aunque Mañueco se arriesga a quedarse corto y a tener que adoptar en los próximos días o semanas las medidas más duras”. En efecto, se quedó corto y ahora propone restricciones más duras que las aprobadas por el Ejecutivo sanchista.

Al día siguiente tocaba de nuevo mirar a Moncloa. Era el día 13 y en aquel artículo indicaba: “El presidente del Gobierno anunció ayer algunas iniciativas de medio pelo, tras un mes de esconder la cabeza en la arena. Sánchez debería declarar el estado de alarma, diseñado justamente ante crisis sanitarias, tales como epidemias y situaciones de contagio graves”. Esa vez el Ejecutivo de la nación acabó por moverse, pero como siempre tarde y mal, como censuraba en un “De calle” el domingo día 15: “Ayer mismo el Gobierno volvió a las andadas al retrasar veinticuatro horas la urgente y vital declaración del estado de alarma, en una jornada donde los afectados por el coronavirus se dispararon un 35%”. Y el día 17 martes desmontaba en estas páginas el mantra sanchista de que este Gobierno no hace sino seguir las indicaciones de las autoridades sanitarias y de los expertos: “La OMS insistió ayer en que no podemos luchar contra esta pandemia si no sabemos quién está infectado. El director general de la Organización Mundial de la Salud ha lanzado un mensaje muy simple a todos los países: pruebas, pruebas, pruebas. Y en España, en Castilla y León y en Salamanca, se han limitado las pruebas y por tanto se trabaja con cifras de afectados que nada tienen que ver con la realidad. Es solo un detalle revelador sobre en manos de quién estamos”.

Hace siete días me producía terror que estuviéramos en manos de Sánchez y ahora me produce pánico pensar que podemos estar en manos de Iglesias. Solo nos quedan las plegarias.