06 diciembre 2019
  • Hola

Salamanca “premium”

03 oct 2019 / 03:00 H.

Ahora todo es “premium”, lo mejor, la máxima calidad; los callos son “premium” (los más ricos de Salamanca siguen siendo los de “La Posada” y “Los Charritos”), las copas lo son también, los coches, los hoteles... Pero lo triste es que a cualquier cosa ya le ponen la etiqueta “premium”, abusando básicamente de la ignorancia y buena fe del personal, cuando en realidad son productos o servicios que no pasan de ser sucedáneos de algo muy bueno o de moda. Lo exclusivo no es sólo un “packaging” de cuidado diseño que entre por los ojos, sino que es todo un complicado y costoso proceso dedicado a lo excelso, a la más alta calidad, casi rozando lo único.

Y “premium”, como todo anglicismo de moda, ha llegado a la esfera política y a la ciudades, y así recientemente los responsables de Turismo de Salamanca anunciaban su intención de captar un visitante “premium”, lo cual es un paso, pues por primera vez se reconoce implícitamente a nivel oficial que el turista-tipo de Salamanca tiene un perfil modesto, con pocos recursos pero, sobre todo, con escaso interés por pernoctar, si lo hace, más de una noche.

Pero en lo que fallamos es en lo de siempre: en quedarnos en la orilla, en no abordar proyectos valientes y ambiciosos (y por tanto costosos, sin presupuesto no hay paraíso) y amplios, es decir, de la mano la capital y la provincia (para situarnos, la Feria de Teatro de Ciudad Rodrigo es un evento “premium”).

Decir que se pretende captar una clientela “premium” ofreciendo una degustación de jamón no sólo no es práctico, sino que es cateto... Salamanca y su fuerza turística no puede depender en exclusiva ni del jamón ni de cuatro restaurantes; “premium” serían conciertos, exposiciones, o una Universidad con unos cursos de verano “premium”; o lo serían hoteles o restaurantes que ahora mismo, nos guste o no, no los hay.

La famosa gastronomía salmantina es una quimera, se comerá mejor o peor, pero no exageremos, no nos engañemos. Como dice la señorita Stan cuando se enfada, “¿vale?”.