02 abril 2020
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¿Quién pagará la fiesta?

20 feb 2020 / 03:00 H.

Cada día vemos dar otra vuelta de tuerca que va activando el monstruo de una sociedad perdida, desharrapada, e incapaz de valerse por sí misma. Occidente, faro de la civilización, se ha propuesto acabar con todo rastro de cordura y estabilidad. La libertad, piedra angular de la democracia, parece ya una quimera, y que no les engañen, pues porno “en abierto” y diputados y ministros hablando como macarras, eso no es libertad. Como no lo son las políticas del “gratis total” que nos acabaran llevando al fin del estado del bienestar, y por tanto al horror y al ocaso. Bienvenidos a Blade Runner.

Llega a Salamanca la idea de que el transporte público sea gratuito hasta los 6 años, aunque en otras ciudades, como Valladolid, ya lo es hasta los 16, y en Madrid se acaba de inaugurar la primera línea gratuita para todos los usuarios, como ocurre en otras ciudades de Francia y Polonia, e incluso en Estados Unidos, donde al menos una ciudad (Lawrence, Massachusetts) ya ofrece su transporte público gratuito a toda la población bajo el pretexto de luchar contra la desigualdad y mejorar el medio ambiente eliminando vehículos de las calles. Los ciudadanos, claro, lo ven como otro triunfo de la “revolución”: “El transporte público debería ser gratuito, pues es una necesidad básica, no un lujo”, declara una desempleada de 55 años a “The New York Times” (22 de enero). No, señora, no es una necesidad básica, es un servicio público baratísimo (en Salamanca un bonobús hasta los 30 años cuesta 14 euros al mes, incluido el uso de bicicletas). Un servicio, señora -que los Estados Unidos no tienen, por cierto- es una Sanidad eficaz y ágil en la que invertir los recursos para mejorar la calidad, la atención y reducir las listas de espera. Si todo es gratuito, ¿quién pagará la fiesta?, ¿hasta dónde podremos llegar?, ¿por dónde estallará la burbuja del gasto público salvaje y disparatado, incluida la renta universal que defiende el señorito Pablo Iglesias? Si casi nadie trabaja “víctima” de la subvención, si las empresas cierran asfixiadas por un sistema depredador, ¿quién pagará la fiesta y el bus?