07 diciembre 2019
  • Hola

Que San Buenaventura le guíe

15 jul 2019 / 03:00 H.
Isabel Bernardo Fernández
Esto son lentejas

Mientras otras comunidades andan “a la zasca” sin querer ponerse de acuerdo en quién ha de gobernar, en Castilla y León ya ha tomado posesión como presidente, Alfonso Fernández Mañueco. He vivido el momento desde los medios; felicitándome por la noticia y sumándome al aplauso emocionado de salmantinos, votantes y amigos que saben del titánico esfuerzo que Alfonso ha tenido que hacer para poder conseguir lo que parecía imposible. Como votante del Partido Popular, como amiga, me alegro muchísimo por él y públicamente lo celebro. Especialmente cuando en esta España tan menguada en valores, tan de Caín y Abel, tan de celos y chismorreos, los triunfos de los otros se suelen recibir con hostilidad y falta tiempo para montar la escopeta y tirar a dar en las canillas. Porque lo de destacar en algo se ha convertido en un oficio peligrosísimo. Y en esto da igual que se sea político, empresario, bombero, fraile o poeta. ¡Maldita televisión de meretricio y cuché que está engolfando voluntades y emponzoñando lenguas! Pero no quiero hoy dejarme roer por las malas vinagres. Es lunes de San Buenaventura y Castilla y León comienza la semana con un presidente salmantino. Un presidente que se ha hecho a sí mismo con algo más que tesón porque, tal vez, la vocación política y el servicio público los heredó de su padre y le salen, por natural, de los dentros. De los mismos dentros quizás, que le llevaron a poner poesía antes de concluir su discurso de toma de posesión: “Queda prohibido no sonreír a los problemas, no luchar por lo que quieres, abandonarlo todo por miedo, no convertir en realidad tus sueños”. Los versos eran de Neruda, aunque bien hubiera podido citar estos otros de su querido tío, el gran poeta don José María Fernández Nieto, quien en la rebotica de su farmacia un día escribiera: “[...] que no haya nadie que se quede / sin su ración de amor y de esperanza”. Pues eso es precisamente lo que necesitamos. Que San Buenaventura te guíe, Presidente. Mi enhorabuena. Mi abrazo, siempre.