18 junio 2019
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Que reflexionen ellos

25 may 2019 / 03:00 H.
Juan Antonio García Iglesias
Visto desde fuera

Hoy es jornada de reflexión, pensada para que los electores analicen muy sensatamente la situación política, tomen conciencia de ella, estudien despacio la catadura de los pretendientes, es decir, de quienes piden el voto, así como de sus intenciones, procurando averiguar lo que hay de verdad en lo que dicen, también en lo que prometen, y así poder acudir mañana a los colegios electorales con la certidumbre y la seguridad que dan el hecho de tener las ideas claras y la decisión tomada, no sobre la marcha o a pie de urna sino de forma meditada, y la confianza en uno mismo que infunde el ir al examen con la lección aprendida, porque este examen que nos espera mañana no es fácil.

Porque no es fácil aprenderse las lecciones de un día para otro, deprisa y corriendo, sin tiempo por delante, que es precisamente lo que hemos tenido antes de ahora, por eso si a la jornada de reflexión no se llega ya reflexionado de poco sirve, aun así, no está de más contar con ella por si algún fleco inesperado queda suelto y conviene asegurarlo. Durante todo este tiempo previo al día de hoy no he parado de reflexionar sin que mi capacidad para la reflexión se haya agotado, sí, en cambio, los argumentos, tan repetidos que no aportan ya nada nuevo, por eso hoy me tomo el día libre, que mañana sea lo que el pueblo soberano quiera y que, de paso, Dios nos pille confesados, porque equivocarse nunca es negocio y repetir la equivocación lo es muchísimo menos. Han pasado tantas cosas, se ha movido tanta gente a sus expensas y, además, tan a la vista de todos, que quien a estas alturas no lo tenga claro, por mucho que hoy reflexione mañana seguirá sin tenerlo.

Cuando se invita a reflexionar se hace pensando en el votante, pero no en aquellos a los que se va a votar o aspiran a que les voten, para los que la reflexión no existe. Estos van a lo suyo y por conseguirlo hacen lo que haga falta. No les mueve ningún sentimiento noble ni respeto a nada ni a nadie. Son como son y así hay que verlos pese a lo mucho que hacen o dejan de hacer para no dejarse ver tal como son. Les motiva el beneficio propio que pregonan como interés general, no les mueve ningún principio, sólo un fin que justifica cualquier medio posible para alcanzarlo, por eso pedirles que reflexionen es tarea inútil, porque reflexionar implica responsabilidad, propósito de enmienda, voluntad firme de corregir una deriva, de reconocer un error o una culpa procurando ver la forma de no repetirlo y evitar un perjuicio, implica también una disposición al sacrificio por el bien común... Visto el obsceno espectáculo que sus señorías, unos por acción, otros por omisión, pero todos, montaron en el Congreso de los Diputados durante la sesión constitutiva de la XIII Legislatura, ¿se los imaginan reflexionando, esforzándose por tomar conciencia de lo ocurrido con la idea de reconocer el bochornoso ejemplo que dieron y entonar su mea culpa? Porque reflexionar es razonar, es sincerarse con uno mismo, es buscar un motivo con el que justificar algo, en este caso el bochornoso ejemplo, conque buena gana de razonar para no encontrar ninguno. Y en esta gente hemos puesto nuestra confianza por cuatro años y en sus manos hemos encomendado nuestra suerte.

Pero lo hecho, hecho está, aunque no del todo, porque a tiempo estamos todavía de algún arreglo y sería una temeridad por nuestra parte no aprovechar la oportunidad de las urnas para hacerlo mañana. Tenemos lo que nos merecemos, por idiotas, así que vamos a dejarnos de idioteces, aunque sea por un día, movamos ficha sin timideces, ni miedos ni complejos ni escrúpulos y empecemos de una vez a dejar de ser merecedores de lo que tenemos. Tampoco estaría de más que (ellos) dejaran de mirarse al ombligo, aunque solo fuese un minuto, no más, y lo aprovecharan para reflexionar, porque mañana (todos, también ellos) nos jugamos el resto. Un detalle: Pablo Iglesias, que se ve en el Gobierno porque -según él- es de “sentido común” que así sea, le ha pedido a Sánchez el Ministerio de Trabajo y Seguridad Social atraído más por lo segundo que por lo primero. Pues por eso, es decir, por el “menos común de los sentidos”, abrochémonos los cinturones porque el aterrizaje puede ser tan brutal que deje al aparato fuera de servicio... por simple “sentido común”.