12 noviembre 2019
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¿Qué nos queda por ver?

23 may 2019 / 03:00 H.

Mi vida ha sido una “tormenta de ideas” continua, es lo que me ha mantenido -y aún me mantiene- en pie y listo para la batalla de cada día. Lo que no pasaba por mi imaginación bajo ningún escenario, ni siquiera el más duro, es que mi propio país, mi propia tierra me iba a arrastrar a una tormenta emocional permanente que hace que tenga ahora mismo unos dolorosos sentimientos encontrados de amor-odio hacia España, o mejor dicho hacia quienes la están llevando, unos votando y otros “gestionándola” bajo los efectos de la locura megalómana, hacia un Estado fallido y descompuesto. Me siento desarmado y solo en mitad de la ofensiva del Tet. Sí, ahora mismo España es la guerra: la revolución del caos que abanderan socialistas, populistas, nacionalistas y terroristas, contra la normalidad y el equilibrio democrático no de la derecha, sino de quienes construimos el país a pie de obra, empezando por el bienestar y terminando por la libertad.

Lo que hemos visto estos días en el Congreso de los Diputados -donde reside la soberanía del pueblo, ¿qué pueblo?- es la penúltima y dolorosa prueba de que estamos en caída libre, de que nuestra sociedad está enferma, unos por hacerlo, otros por consentirlo, otros por permanecer impasibles y otros, como digo, por votar “contra”; cualquier barbaridad, cualquier andanada contra la Constitución y contra la paz social, es corregida y aumentada casi a diario. ¿Qué nos queda por ver?, ¿eutanasias programadas de quienes no pensamos como ellos?, ¿exterminios televisados de demócratas?, ¿el fusilamiento de Amancio Ortega retransmitido en directo y en horario infantil?

España ahora mismo libra una batalla que ya ha llegado a Madrid y que están ganando los enemigos del orden constitucional y social. La están ganado quienes votan con rabia y con ignorancia... y los trogloditas que van de la cárcel al Parlamento como estrellas de la telebasura.

El imperio de la Ley reducido a cenizas.