20 febrero 2020
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Que Dios nos libre de los tontos

12 feb 2020 / 03:00 H.

Que Dios nos libre de los tontos, que de los listos ya me libro yo. Los tipos que van de bobalicones con apariencia de bonachones son los más peligrosos, los que te la suelen “meter doblada”. Es el caso del expresidente Zapatero, el peor de todos los mandatarios que hemos tenido desde la primera república.

Me he acordado ahora de él por varias razones. La primera porque le he visto el fin de semana posando en el Palacio de Miraflores con el sátrapa venezolano Nicolás Maduro, en compañía de la primera dama, Cilia Flores, y dos de los vicepresidentes, los hermanos Delcy y Jorge Rodríguez (es lo que tiene el comunismo, aquí como en Venezuela, la riqueza y el poder se lo reparten entre ellos y la pobreza entre el pueblo. En España tenemos el ejemplo de la pareja de villa Tinaja, los dos calentando el banco azul y compartiendo el Consejo de Ministros).

Dicen que está de mediador, esa figura que tanto le gusta a la izquierda para disfrazar las verdaderas intenciones y los oscuros negocios que se trae Zp con los gobernantes más nefastos, menos democráticos y los de más que dudosa honradez. En Venezuela siempre se le ha visto más cerca del dictador que del pueblo que se muere de hambre por la falta de productos básicos y de medicinas. La ausencia de libertades ya es casi lo de menos.

Me he acordado también hoy del expresidente de infausto recuerdo para muchos españoles que bajo su mandato se fueron a las listas del paro, porque se le apunta con el dedo acusador como el autor de la sospechosa, oscura y e inexplicable visita de la vicepresidente Delcy Rodríguez una noche de enero, en la que fue recibida y agasajada en el aeropuerto de Barajas por José Luis Ábalos, el todopoderoso número dos de Pedro Sánchez, a pesar de estar violando un acuerdo europeo. Nadie ha dado una explicación convincente de lo que allí paso. De quién y por qué vino la vicepresidenta del dictador Maduro cuando tiene prohibido pisar suelo comunitario y qué es lo que transportaba en el avión privado. Casualmente la indeseable visita coincidió con la estancia del presidente encargado para Venezuela, Juan Guaidó, reconocido como presidente interino por más de 50 países, entre ellos España, aunque eso ocurrió en otros momentos, cuando todavía Sánchez no gobernaba con los comunistas y solo el hecho de pensar en el asunto le quitaba el sueño. Y antes de que Zp dijera que le parecía bien que no se recibiera a Guaidó.

Casualidades o no, Guaidó, no fue recibido por Sánchez. Lo que no se sabe es si fue a instancias de Delcy Rodríguez, de los socios comunistas encabezados por Pablo Iglesias (en otros tiempos asesores “bienpagados” por el chavismo) o de Rodríguez Zapatero, que parece que también asesora al dictador venezolano. A Zp siempre le ha gustado mucho eso de la alianza de las civilizaciones, las constelaciones cósmicas y los hombres de paz, aunque los mortales no sepamos muy bien a qué se refiere su proyecto, aparte de tenderle la mano a un proetarra como es Otegi. Por lo menos debe ser rentable económicamente. Dicen -tal vez simplemente sea una maldad de una capital de provincias- que el padre siempre se refería a Zp como el tonto y a su hijo Juan, abogado del colegio de arquitectos de León, como el listo.

Y finalmente, me he acordado hoy del expresidente por la triste y prematura muerte de uno de los mejores del periodismo actual: David Gistau. El periodista no podía con la falsa bonhomía zapateril y le había dedicado dos libros. En uno de sus últimos artículos, a mediados de noviembre, le llamó con ironía “ángel mediador” con “superpoderes beatíficos” para resolver problemas universales canjeables por el Premio Nobel de la Paz. Si hubiera podido escribir sobre el oscuro asunto del ministro de vuelos nocturnos, hubiera escrito un tercer volumen dedicado al leones más nefasto para la historia de España: el expresidente Zapatero, el falso salvador del mundo, el vende humos de la paz.