20 febrero 2020
  • Hola

Presupuesto sanchista, guardad las carteras

13 feb 2020 / 03:00 H.

Con tanto humo saliendo de las hogueras encendidas por los pirómanos del Gobierno, al mando del comandante Ábalos, nuestros ojos arrasados de lágrimas no nos permiten observar lo importante, lo trascendental de estos primeros días del sociocomunismo rampante en el poder. Nos deslumbran los malabarismos parlamentarios del ministro de Fomento y Bienevenidas Aeroportuarias, cuyas hazañas filobolivarianas han llegado hasta el corazón de Europa, pero lo mollar de esta experiencia gubernamental casi mística, consistente en mezclar el sanchismo de ideología meramente oportunista con el comunismo de tintes bolivarianos, reside en el proyecto de Presupuestos del Estado para 2020 que presentaron hace dos días la vicepresidenta económica, Nadia Calviño, y la ministra de Hacienda, María Jesús Montero.

El panorama que pintaron las dos ‘artistas’ de la escuela sanchista resulta aterrador, por lo que contiene de ortodoxia en el marco mental de la ultraizquierda: saqueo al bolsillo del contribuyente, acoso a la propiedad privada y orgía de gasto de las administraciones, en el camino hacia el control estatal de los medios de producción que sería el estadio final de ese cielo soñado por el propietario de Villa Tinaja (Galapagar, Madrid).

Quienes hayan confiado en la influencia benéfica de Calviño como freno frente al ímpetu derrochador del dúo Sánchez-Iglesias habrán visto arruinadas sus expectativas al conocer las grandes cifras del proyecto económico del Gobierno para el año en curso. De entrada, el Ejecutivo prevé batir el récord de gasto público hasta llegar a los 127.600 millones de euros, con un incremento de 4.700 millones, que sumados a otros 5.000 millones que ya ‘colaron’ en 2019, suponen casi 10.000 millones más de coste de la Administración central respecto al Gobierno de Mariano Rajoy en 2018, que nos tocará apoquinar a todos los españoles.

Esa política de alegría despilfarradora provocará el descontrol del déficit público, que en 2020 ya no será del 0,5% como preveía Rajoy, ni del 1,2% como anunciaba el mentiroso patológico de La Moncloa hace solo unos meses, sino del 1,8% del PIB (el Estado gastará 20.000 millones más de lo que ingrese).

Con tanto gasto cabría pensar en un crecimiento robusto de la economía y del empleo, pero no, al contrario: las predicciones de la pareja Calviño-Montero encogen en la misma medida en que le crece la nariz a Ábalos. Según sus cálculos, siempre alegres y optimistas, pasaremos del 2% de crecimiento en 2019 al 1,6% en 2020, y en lugar de crear un 2% más de empleo como se pronosticaba hace unos meses, la subida será solo del 1,4% y la tasa de paro se mantendrá por encima del 13%.

Pero lo peor de estos presupuestos para 2020 es que pueden ser ciertos. Sería la única verdad que habría firmado Sánchez en estos veinte insoportables meses de mandato presidencial, sumando en funciones y sin funciones. Y aún puede ser todo mucho más grave si, como suele ocurrir y avala la experiencia más reciente, el Gobierno se equivoca y las cifras sufren una desviación de signo negativo en todos sus parámetros: más paro, menos ingresos, más déficit, más deuda, menos empleo, más impuestos y más orgía de gasto público.

Lo mejor que le puede pasar a estos presupuestos, y por tanto a todos los españoles, es que se los rechace Bruselas, o que el presidiario Junqueras los tumbe en el Congreso. Eso significaría que el Doctor Sánchez no ha podido sacar a tiempo de la cárcel al meapilas secesionista de ERC y de paso, implicaría que el asaltacolchones de La Moncloa no podría utilizar nuestro dinero para comprar votos (gasto social, le llaman) y pagar chantajes (lo que el sanchismo considera un “ejercicio de equilibrio de inversiones en el País Vasco y Cataluña”, como premio a la deslealtad de los territorios controlados por formaciones separatistas y/o golpistas).

Calviño y Montero se cuidaron muy bien de no concretar de dónde saldrá tanto billete para asar la vaca del gasto público, pero en previsión les recomiendo que se guarden bien las carteras, si es que pueden.