15 diciembre 2019
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Prendas de usar y tirar

05 oct 2019 / 03:00 H.
Juan Antonio García Iglesias
Visto desde fuera

Quien no lo conozca que lo compre, dice el dicho, sin embargo y pese a lo visto que está el personaje en venta, porque lucirse se luce largo y a gusto, tanto que nadie puede a estas alturas de la historia darlo por no conocido, compradores no le faltan. De pregonarlo por los senderos de la patria se preocupa su master chef particular sin que haya encuesta que él condimente que no mejore la anterior. Menudos guisotes se marca el jefe, cada vez más difíciles de digerir, que a punto está de alcanzar el límite crítico de lo imposible, sin embargo no ceja en el empeño. Veremos al final en qué queda y si habrá valido la pena tanto esfuerzo, tanto esmero puesto por alcanzar lo que hasta ahora parecía inalcanzable.

El hecho de que el fin justifique los medios hace que valga cualquier cosa si eso ayuda a encontrar lo que se busca, por lo que todo se permite si la coyuntura lo aconseja. La falta de escrúpulos y de vergüenza no pone frenos a nadie, dándose casos que por descarados e insolentes claman al cielo. La desfachatez del presidente en funciones es clamorosa, dice y desdice cuando no se contradice, hace y deshace sobre la marcha con un desparpajo y una naturalidad insultantes, sin embargo ahí lo tenemos marcando estilo, el suyo, peculiarísimo, propio -dicen- de un político hábil capaz de salir como si nada de cualquier trance por difícil y comprometido que sea. Tiene recursos (él o quien le dice qué tiene que hacer, cómo y cuándo) para sortear reveses consiguiendo hasta ahora sobrevivir a todos a cambio de farfolla. La prueba a la vista está, con posibilidades, además, de repetir éxito.

Como un porcentaje bastante considerable del pueblo soberano le allana el terreno (por espíritu ideológico, por borreguismo, por torpeza o ignorancia, por comodidad, por despreocupación o porque le importa todo un bledo mientras le vaya bien y no suele ir más allá de hasta donde le dicen que vaya por no complicarse la vida), ancha es Castilla, y se echa al ruedo con la tranquilidad que le produce el saber que los toros que tiene que lidiar no son toros sino bueyes, algo así como toros castrados por las circunstancias, hechos para la ocasión y puestos al día, de esos que mansamente comen de la mano del primero que pasa por allí, como “Marius”, aquel hermoso ejemplar que fue noticia, ¿lo recuerdan?

Pues llegó la coyuntura que aconseja barra libre y por ahí anda el bien aconsejado tras el patriotero lema de precampaña, campaña o lo que quieran que sea: “Ahora, Gobierno. Ahora, España” (por cierto, que la asociación cultural filofranquista “Ahora España”, acusa al PSOE de plagio). ¿Es que en ese partido no saben hacer otra cosa? Que dimita el partido.

“Ahora, España”. Ahora sí, antes no, ¿hasta cuándo? Pues se lo voy a decir, hasta las cero horas del 11 de noviembre, ni un minuto más. ¿Recuerdan aquella gigantesca bandera de España con la que el bien aconsejado se adornó el 1 de junio de 2015 cuando anunció su candidatura a La Moncloa, show que repitió con Iceta haciendo de gogó poco tiempo después, esta vez en plena campaña catalana? año en que Rajoy perdió la mayoría absoluta pero Sánchez no ganó la Presidencia, lo que permitió que Rajoy continuara en funciones seis meses más. Pues aquella bandera nunca más volvió a verse. Pasó el momento, dejó de serle útil y hasta ahora, que aparece con España como estandarte de guerra y el 155 como ariete, que acabará sus días como aquella gigantesca bandera, prendas ambas, la bandera y el estandarte (ariete incluido), como los dodotis, de usar y tirar.

Como añadido al simple lucimiento con el que reforzar la imagen, el bien aconsejado se anima, sale a la palestra y dice que el PSOE es “la única izquierda que no se avergüenza de la palabra España”. Es posible que no se avergüence ahora porque no la tiene, ya que a poca que tuviera, visto lo que hay, no diría lo que ha dicho. Pero en campaña todo vale, así sale después lo que sale. Confuso está el panorama que pueda surgir de las urnas el 10 de noviembre, todo cabe esperarse, hasta lo peor, que no sería como algunos aseguran seguir como estamos. Puede haberlos peores.