25 enero 2020
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Por encima de los colores, Salamanca

15 ene 2020 / 03:00 H.

Hay que poner un poco de sentido común en la pasión deportiva, al menos en Salamanca, porque demasiados enfrentamientos estamos viviendo ya a costa de la radicalización política que tan bien le está sentando al actual presidente del Gobierno de España. Nunca resultó tan complicado comentar una noticia política en la barra de un bar en estas tierras castellanas como lo está siendo en estos momentos. Los salmantinos nos estamos contagiando de ese odio irracional que ha avivado Sánchez y aquí somos gente tranquila, moderada y por supuesto, pacífica. Una cosa es la rivalidad y otra la aversión, y para los que somos muy aficionados, nos resulta incomprensible el enfrentamiento entre dos equipos de Salamanca y mucho peor que los fomenten las aficiones hasta el punto de que prefieran que un partido con el equipo más laureado del mundo, el Real Madrid, se celebre fuera de Salamanca que ceder el Helmántico o aceptar que se lo presten por un orgullo insano y desde luego muy poco deportivo.

Los que no somos forofos, pero amamos nuestra tierra, no podemos comprender una polémica tan estéril. Que cualquier equipo de esta ciudad juegue con el Real Madrid en Salamanca es un motivo de orgullo, una oportunidad para todos y una promoción inmejorable que no debemos desaprovechar.

El presidente del Salamanca UDS, legítimo propietario del campo, debe ofrecer el campo si quiere y está en su derecho a cambio de una compensación económica y el del Unionista no puede despreciar la oferta. De lo contrario, tanto de una parte como de la otra, sería un desprecio a todos los salmantinos que de alguna manera apoyamos a los equipos salmantinos.

La visceralidad con la que se está viviendo el próximo partido de la Copa del Rey de Fútbol se está trasladando a la calle a través de las redes sociales, que soportan todo tipo de insultos, blasfemias, improperios y muchas mentiras. Ayer uno de los blancos de la crítica fue el alcalde de Salamanca, Carlos García Carbayo, que cumpliendo con su deber, medió entre las directivas de los dos equipos salmantinos para que Salamanca no se vea privada de un partido de esta categoría. No todos los aficionados al fútbol tienen la oportunidad de ver jugar al Real Madrid y mucho menos en un choque contra uno de nuestros equipos.

La intervención del alcalde para que impere el sentido común en un asunto en el que siempre se ha impuesto el corazón por encima de la razón no se puede entender jamás como presión. El alcalde hace lo que tiene que hacer: intentar de todas las formas posibles que el partido del próximo miércoles se juegue en Salamanca, porque por encima de los más de 6.000 abonados del Salamanca y de los 2.600 socios del Unionistas, están los miles de salmantinos orgullosos de que uno de sus equipos se enfrente a uno de los grandes, como el Real Madrid, de acoger a las aficiones en Salamanca y de la promoción de esta maravillosa ciudad.

De no intervenir estaría haciendo dejación de funciones. Y convendría que algunos personajes públicos como Fernando Pablos, líder del PSOE en Salamanca, dejaran la “pasión” futbolera aparcada para no reavivar la llama del enfrentamiento sectario que no nos conduce a nada positivo para Salamanca. Cada uno puede llevar en su corazón los colores que quiera, pero cuando se tiene un cargo público y representa en las instituciones a una ciudad debe llevar esa pasión con la suficiente discreción para no generar odios innecesarios y ser más prudente en las redes sociales para no herir a ninguno de los equipos de tu ciudad o a sus aficiones.

Y aunque el PSOE actual no sea un ejemplo de concordia, entre los socialistas salmantinos siempre ha imperado un mensaje de entendimiento y de que Salamanca está por encima de todo lo que puede separar las ideas políticas o los colores de una afición de fútbol.