02 abril 2020
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Pestilencia

17 feb 2020 / 03:00 H.
Rosalía Sánchez
De larga distancia

Me pasa cada pocas semanas. ¿A ustedes no? Las manzanas que no se pudren no me saben a nada, el asfalto se me torna cuesta arria y mis ojos suplican amplitud de campo, el horizonte de larga distancia que sigo buscando en estos artículos. La realidad se vuelve rugosa y cualquier excusa me parece buena para volver a la tierra. Cuando la piso, sin hormigón ni alquitrán de por medio, encuentro más fácilmente el sentido. Y el sentido que más en profundidad recupero es el del olfato. Incluso en medio de este fumigado agorero al que asistimos, a mí el campo me huele a esperanza. La tierra mojada por la lluvia me huele a vida, los brotes que están ya rompiendo, a riesgo todavía de heladas, me huelen a futuro y las piedras al sol me deleitan con su “esencia de roca”, constatada científicamente por Bear y Thomas en 1966 pero que ya en la mitología griega corría por las venas de los dioses, como la sangre corre por las nuestras. Incluso en un establo soy capaz de percibir trazas de olor a almizcle, que alguna vez he descubierto también en vinos baratos y en perfumes caros. Pero quien no lo conoce suele asociar el campo a un desagradable olor a cerdo, semoviente sobre el que tienen más prejuicios que conocimiento. Con la excepción de Pepa Pig, que es urbanita, mancomunan lo rural con lo sucio. Por eso seguramente ha impuesto Pablo Iglesias un cordón sanitario a las asociaciones agrícolas, para reunirse solo con los sindicatos. De todos es sabido que los delegados sindicales sudan menos en promedio que el resto de los trabajadores, y en el campo se trabaja de verdad. A Iglesias la España vaciada le debe oler al vaho putrefacto que describía el Jean-Baptiste Grenouille de Süskind al presentar su lugar de nacimiento, el mercado sobre el Cementerio de los Inocentes.

Me ha venido a la memoria su coleta este fin de semana en el cine, mientras veía la película surcoreana que acaba de ganar el Óscar, exquisita para los amantes de la sátira social exenta de tópicos. El momento más humillante, entre una larga lista de mortificaciones, es en el que el tipo rico del chaletazo toma conciencia del insoportable “olor a pobre” de los empleados, que no tiene que ver con su higiene ni con sus costumbres, sino que procede directamente de su condición. Así debió sentirse Iglesias ante la perspectiva de tener que entrar en la misma habitación con los agricultores. Es lo que tienen las feromonas de clase. O de partido. También Pedro Sánchez ha acusado este fin de semana a la “derecha retrógrada” de “crear un ambiente irrespirable”. Debe estar poniendo ambientadores en cada rincón de la Moncloa para recibir hoy a Pablo Casado, a quien por su parte la reunión le huele a chamusquina. Pero no seré yo quien eche estiércol sobre ese encuentro, sobre todo antes de que se produzca. Es muy necesario que el centro político se reencuentre en algún punto, aunque ese punto sea la Isla de las Tentaciones. Sería bueno que subrayen en sus discursos lo que los une, no lo que los separa, para bajar los humos a los extremos. Ya ven que soy inmune al desaliento, creyente en esa mayoría parlamentaria de centro. Eppur si muove. Sigo pensando en el potencial de las coaliciones constitucionalistas. Incluso, fíjense, creo que podría aportar bastante una coalición entre el PP de Casado y el PP de Feijóo. Estaría bien, además, que Sánchez y Casado abordasen el asunto de los tractores, como un interés transversal que a ambos debería ocupar. Ahora bien, lo que no es tolerable es que a las asociaciones de agricultores se las excluya de las reuniones: agrofobia. Y total, para revivir sin luz ni taquígrafos el mercadeo de clientelismo del PER, como si no hubiese acumulado ya suficiente pestilencia. “Algo huele a podrido en Dinamarca”.

Las subvenciones no son la solución para el campo. Lo repetiré el jueves, cuando en Bruselas comiencen a hablar de un recorte del 14% de la PAC. Lo que necesitan los agricultores y ganaderos es inversión en tecnología, Internet y comunicaciones. Y para eso la Comisión Europea está disponiendo presupuesto. Dentro de muy poco estarán surgiendo plataformas digitales para comprar productos de cercanía directamente a los productores, el Uber de los tomates, el Netflix de las cooperativas, que pondrán los precios en su sitio, crearán empleo y fijarán población joven. La agricultura y la ganadería tienen las de ganar en este pulso, sencillamente porque son las que dan de comer al resto. Y si no tienen ya la sartén por el mago es precisamente por eso, porque no permiten siquiera que estén presentes en las reuniones. ¡Que mal huele la prepotencia!