25 junio 2019
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Pacto de luces sin sombras

13 jun 2019 / 03:00 H.

La última imagen con categoría viral sobre el río fue la de los dos paisanos al mando de una barca de pedales alquilada a los que la Confederación Hidrográfica del Duero -CHD- encomendó la misión de retirar las algas que hacían confundir el Tormes con un camino de tierra.

Cuando todo llevaba a pensar que lanchas y neoprenos llenarían el río, la CHD nos regaló esta deliciosa imagen de los dos hombres maduros de gorra calada, red en mano y cubos de los de coger cangrejos en la popa, que surcaban el Tormes como si estuvieran de vacaciones pagadas en Torrevieja. Eso sí, días después de su hazaña en precario, nadie puede dudar de que no se esforzaran en su trabajo porque ahora mismo algas se ven pocas y ellos tienen la enorme y justificada excusa de que se encuentran en zonas inaccesibles para barcas de pedales.

De la enternecedora y bucólica imagen de la barquita pasaremos estos días a las muchas que nos regalará el Festival de Luz y Vanguardias, que por primera vez se servirá del río Tormes para confirmar su excelente momento.

El Ayuntamiento de Salamanca busca estas nuevas imágenes -y no la de la barca- para proyectarse en el mundo y para atraer “al mundo” a la ciudad. De momento la idea “Marca Salamanca” ha calado y de los dos países que participaron en la primera edición del Festival de Luz y Vanguardias en 2016 se pasa desde ya y hasta el domingo a ver competir con proyecciones de videomapping a artistas de hasta 14 países.

¿Por qué el Festival de Luz y Vanguardias es una apuesta segura ahora mismo en Salamanca? Porque Iberdrola, que apostó por celebrarlo en esta ciudad -en gran parte porque el presidente de la compañía, Ignacio Galán, es salmantino y seguro que barrió para casa- diseñó un certamen de líneas cerradas y definidas desde el minuto uno, que se ajustaba perfectamente a la estructura de la ciudad pero no sólo a ella, también a su ambiente universitario.

A Salamanca le van los videomapping -o técnica que consiste en proyectar imágenes sobre superficies- y le van porque tenemos una ciudad museo donde en el conocimiento -junto al turismo y el campo- está la principal industria. A Salamanca le gusta ponerse a la cabeza de la cultura, le gusta innovar, ir más allá, tiene el mejor escenario para ello y el Festival de Luz y Vanguardia se lo pone en bandeja. Salamanca necesitaba algo diferente y único que nos pusiera al menos durante unos días al nivel de grandes ciudades como Nueva York, Berlín, Londres o Ámsterdam, que tienen apuestas parecidas, y ha sabido aprovecharlo al máximo y no parece dispuesta a abandonar este barco: al principio con el lanzamiento de Iberdrola y, ahora, con el apoyo de esta compañía y con el Ayuntamiento en plan promotor, convencido de que no puede dejar escapar esta enorme oportunidad que vive ahora su cuarta edición. La Universidad y las asociaciones culturales tampoco están dispuestas a perderlo y han conseguido que la ciudad se implique en la construcción del propio festival con un pacto de luces sin sombras.

Durante estos días Salamanca se reinventará, aparecerá diferente y única, regalará imágenes irrepetibles y brindará la oportunidad de admirar talento y también de aprender de él, que es el sueño de cualquier ciudad universitaria y de la cultura. No se podía dejar perder esta oportunidad que convierte a Salamanca en única y en sorprendente incluso para aquellos que están habituados a amanecer con su piedra. Si cada año la ciudad ha ampliado atractivos turísticos con el objetivo de prolongar las pernoctaciones, el aliciente del Festival de Luz y Vanguardias le da el impulso que necesitaba con una oferta diferente, al alcance de muy pocas ciudades.

Aparecen en el río Tormes Poseidón o el enorme monstruo submarino Kraken sobrevolado por Pegaso. Llegan días de imaginación y sueños que, sin duda, aparcan los momentos de barcas de pedales recogiendo algas.