11 diciembre 2019
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Pacto de caballeros

03 sep 2019 / 03:00 H.

El delicado melón de la supervivencia de los pueblos lo abrió Francisco Igea en las Cortes de Castilla y León con una propuesta de Cs que se basa en la diferencia entre municipios y pueblos: los pueblos no se cerrarán pero los municipios -que son aquellos que podrán gestionar autónomamente sus intereses y por ello tendrán alcalde- serían sólo aquellos con al menos 5.000 habitantes. No se trata de cerrar pueblos sino de aumentar servicios y esta nueva forma de reorganizar el territorio es lo que, según Cs y apoya el PP, puede salvar a Castilla y León de una despoblación que no deja de aumentar.

Igea se deslizó ayer en las Cortes en las pantanosas zonas del sentimiento y lo salvó con esta diferenciación entre municipio y pueblo, que respeta el sentido de pertenencia a un territorio pero que concentra recursos en otros. Sobre esa idea de municipios y entes locales menores -y que ahora también son municipios- comenzará a trabajar pero promete que con pies de plomo porque la cuestión es muy delicada. De momento fomentará la constitución de mancomunidades de interés general y las uniones voluntarias... y después irá viendo porque la idea necesita, como él mismo reconoce, de un consenso y no sólo con el PP, también con el resto de grupos. En la fusión obligatoria de municipios es en lo que se queda solo, de ahí su intención de llevarlo al programa de su partido de cara a las próximas elecciones.

La propuesta de Igea tiene lógica, aunque aún esté muy en el aire su definición e incluso sea dudoso ese filtro de 5.000 habitantes para una Comunidad tan extensa y con tantas peculiaridades como es Castilla y León.

Lo que es una realidad es que la Comunidad se vacía y el desierto demográfico avanza, por ejemplo, de forma alarmante en Salamanca, donde 264 de los 362 municipios tienen una densidad de población inferior a 10 personas por kilómetro cuadrado. Es una realidad que no se pueden mantener servicios en todos los municipios y que esta fórmula actual sólo desplaza a la población hacia la capital y los pueblos del alfoz. De poco sirve el orgullo de pueblo, el sentido de pertenencia a un territorio, el arraigo a un lugar si se vacía por falta de habitantes.

Ahora mismo, y aunque no sea lo más políticamente correcto, no se pueden mantener municipios con apenas habitantes y dotarlos con todos los servicios cuando a escasos kilómetros existe otro con mayor población que puede facilitárselos. No se trata de quedarse sin pueblo sino de evitar el desplazamiento de sus vecinos a la capital y de tener más próximos servicios mejores que los actuales y que ahora son imposibles si queremos llevar una escuela a cada pueblo, un médico y las más variadas ofertas de ocio. Mejor disponer de un buen centro de salud a corta distancia y medios para llegar a él que esperar la llegada del médico de familia cada dos días.

Luego este modelo no tiene que chocar con el que tanto gustaba a Cs en campaña electoral y que es el aplicado en las Tierras Altas de Escocia. Allí, a partir de grupos de profesionales cualificados profesional e intelectualmente se ha creado una agencia autónoma pero con fondos públicos donde se exponen las necesidades de cada zona, planifican soluciones, se buscan proyectos, se identifican oportunidades y se encarga de facilitar en cada zona vivienda asequible y de calidad, infraestructuras y equipamientos básicos, banda ancha de internet y telefonía móvil... y recuperar el orgullo rural a través de aspectos como fomentar la cultura de cada pueblo o su rico patrimonio.

Lo de Igea es un primer paso pero luchar contra el gigante de la despoblación requiere de una estrategia global y un pacto de todas las fuerzas políticas y no sólo la propuesta de un partido. Lo bueno es que se ha abierto el melón de la despoblación, cada Consejería expondrá sus propuestas, y está en la mano de los grupos políticos caminar hacia un pacto de Comunidad liderado por la Junta o aparcar de nuevo el problema hasta que sea irrelevante esa diferenciación entre pueblos y municipios.