27 junio 2022
  • Hola

Oh, my god

20 jun 2022 / 03:00 H.

    Corría el siglo VII en la vecina Francia (y en Italia, y en Castilla, y en Inglaterra, claro está). La lengua hablada en casa en el área centro-norte galo ya no era, en la conciencia lingüística de sus usuarios, una forma degenerada de la sublime lengua latina de la que procedía: era, sin más, otra lengua distinta (en este caso, el francés). Tal conclusión se repite al analizar cientos de documentos. Los más notorios corresponden a los llamados ‘Juramentos de Estrasburgo’, datados en 842. Un proceso semejante pudo producirse con el gallego, el astur-leonés, el castellano, el aragonés, el catalán, etc.

    Así pues, muchos, si no todos los fenómenos peculiares en la forma de hablar de bastantes salmantinos de los siglos XX y XXI, tienen su origen en la diversificación dialectal del latín, completada con toda seguridad en el siglo X. En las tierras salmantinas el vernáculo seguramente sería muy semejante a las variedades lingüísticas usadas en tierras de Asturias, León, Zamora y Salamanca, noroeste de Cáceres... Con los claros matices necesarios en estos asuntos, referentes a Asturias, Galicia, Aragón, valle de Arán, Cataluña, noroeste de León, etc., las variedades habladas en esas zonas experimentaron un largo proceso de confrontación –no conviene usar la palabra ‘conflicto’, como algunos sugieren– que originó en el terreno lingüístico fenómenos típicos del contacto de lenguas.

    Algunos de esos fenómenos tienen que ver con la competencia sociolingüística de los hablantes, y muestran su amplio dominio de actuación. Milagrosamente amplio, diría yo: la política de imagen (en vez de la política de la cultura y la ciencia) no vale para nada o para casi nada, y, a pesar de ello, tiene ya una notable tradición en España. Consistía antaño en destinar el ministerio de Cultura al más despistado; callaré y no daré nombres para no ser injusto.

    Hoy día la cosa es mucho más sencilla, aunque más onerosa. La llamaremos ‘política del carajillo party con la bandera’. ¿Cómo funciona? Hay que abordar al cargo superior mientras desayuna, poniéndose en plan llorón: “¡Yo, que tanto he hecho por el partido!” (primer sorbito del carajillo). “¡No te preocupes, hombre, que algo habrá!”, Y suele haberlo (segundo sorbito del carajillo).

    “Mañana mismo te monto un chiringuito sobre el español y te nombro jefe del asunto. “Pero es que en Salamanca están trabajando muy bien sobre estas cosas”. “Oh, my God. Yo me encargo de que no hagan mucho”.

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