13 junio 2021
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Occidente, a los pies de los terroristas

17 may 2021 / 03:00 H.

    La prensa occidental y la opinión pública se han vuelto a poner una vez más a los pies de los terroristas palestinos de Hamás. El grupo criminal que gobierna en la franja de Gaza y que es equiparable al Estado Islámico, se está apuntando por enésima vez la victoria en el terreno de la imagen. Los pobres niños que ellos mismos están matando al mezclarlos con las milicias y al ubicarlos en los puntos de lanzamiento de cohetes, son su mejor herramienta de propaganda. Cada una de esas fotografías recluta a miles de adeptos a su causa y ahonda en el antisemitismo latente en gran parte de la sociedad europea. Parece mentira que, tras décadas de conflicto árabe-israelí, sigamos cayendo en la misma trampa. En ponernos del lado del presunto débil para atacar al único tapón con el que cuenta Europa para no acabar islamizada. Porque Israel, guste o no, es el garante de la civilización occidental en Oriente. Un Estado ejemplar en muchos aspectos que combate el terrorismo con dureza fruto de años de ataques constantes que siempre se saldan, una y otra vez, con la derrota de los de siempre. Hay que remontarse a las guerras del 48 y a la de los Seis Días para encontrar a los culpables de la situación del pueblo palestino: todos aquellos países árabes que les prometieron que iban a “tirar a los judíos al mar” y que por suerte no lo consiguieron. Que ahora apechuguen con aquel desafío y salgan al rescate humanitario de una Palestina que jamás podrá alcanzar sus objetivos si opta por el terrorismo y la provocación incesante.

    Deseo como el que más la paz en Tierra Santa. Defiendo sin complejos la solución de los dos estados que convivan en armonía y sin rencillas. Pero a día de hoy eso parece una quimera. Y más cuando una parte de los palestinos han apostado porque su gobierno esté capitaneado por unos viles residuos. Si la paz no se logró en tiempos de preponderancia de la OLP, ahora es casi imposible cuando el interlocutor es una organización criminal que no reconoce el derecho a existir del pueblo judío. Ya lo dijo la gran Golda Meir: “La paz llegará cuando los árabes amen a sus hijos más de lo que nos odian a nosotros”.

    Israel por supuesto que está cometiendo errores. A estas alturas Netanyahu debería saber que avanzar en su plan de colonización es sinónimo de conflicto. El problema es que puede más el ansia de contentar a los sectores más radicales del país que la necesidad de conciliar. Eso unido a decisiones erróneas como las cargas en la Explanada de las Mezquitas y el bloqueo de la Puerta de Damasco (principal acceso al barrio árabe de Jerusalén) han encendido la mecha. Sin embargo, la guerra como tal siempre tiene el mismo origen: los cohetes lanzados desde la franja de Gaza a Israel. Unos proyectiles que se tiran de forma indiscriminada con el objetivo de matar a civiles. Un hecho del que se habla muy poco, pero que tiene una gravedad enorme. Afortunadamente, el Estado hebreo cuenta con un eficiente escudo denominado ‘Cúpula de Hierro’ que intercepta gran parte de esos cohetes. Que no haya más muertos en el lado israelí es simplemente por eso. ¿Tiene que pedir perdón por proteger a sus ciudadanos? ¿Debería sacrificar Israel a su gente para que de una santa vez la prensa occidental ponga el foco en sus víctimas?

    Se habla de una respuesta desproporcionada a los ataques de Hamás, cuando el ejército de la estrella de David no hace bombardeos indiscriminados como su enemigo. Sus objetivos son siempre instalaciones militares, viviendas de líderes terroristas y la demoniaca red de túneles que esta escoria emplea para realizar secuestros, infiltraciones y para colocar explosivos. Como ocurre por desgracia en cualquier guerra, hay víctimas inocentes. Aunque solo hubiera una, sería inaceptable. Es una tragedia. Sin embargo, cuidado con acabar concluyendo que los que acumulan más fallecidos son los buenos de la película. No es tan fácil ni tan simple. Profundicemos, y luego opinemos. Un conflicto de décadas y con tantas aristas no se conoce por una simple foto publicada en una portada con intereses perversos y que acaba beneficiando a unos terroristas que mañana nos pueden aniquilar a nosotros.

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