19 marzo 2019
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Nosotros parimos, nosotros decidimos

15 mar 2019 / 10:49 H.

Ni era el “nosotras parimos, nosotras decidimos” ni es el “nosotros parimos, nosotros decidimos”. Por mucho buenismo, por numerosos votos que suponga, es algo literalmente imposible que hombres y mujeres seamos iguales ante un hecho trascendental como es el nacimiento de un hijo porque, guste o no a los amantes de la tarifa plana para la igualdad, biológicamente somos diferentes.

Hasta que no se demuestre lo contrario, los hombres no paren y eso ya es un hecho claramente diferencial que parece pasarse con alto cuando se acaba de dar el primer paso para alcanzar en 2021 las 16 semanas de baja por paternidad, las mismas que de maternidad.

De momento se han aprobado las 8 para los hombres para regocijo de PSOE, Podemos y parte, sólo parte, del colectivo feminista. Por supuesto, la mayoría de hombres están encantados con la medida, y entre las mujeres existe división de opiniones, algunas ilusionadas por poder compartir los primeros días de su bebé con el padre y otras, aterradas por definir cómo se arreglarán para cuidar al niño durante esos estresantes momentos... con el padre en casa.

Por muy políticamente incorrecto que sea decirlo, es una realidad comprobada que en todos los estados miembros de la Unión Europea las mujeres se ocupan más del cuidado y educación de los hijos que el hombre -un 92% de media en los países europeos y un 95% en España-. En cuanto a las tareas domésticas, el 84% de las mujeres en España cocinan y/o realizan las tareas de hogar a diario, en comparación con el 42% de los hombres. Indudablemente no somos iguales.

¿Y por qué tenemos que serlo justo para el permiso de paternidad y maternidad? Pues porque un grupo de mentes brillantes ha decidido que en el modelo de mujer que busca estandarizar es obligatorio salir de casa y trabajar, olvidándose de que muchas, muchísimas mujeres, se niegan a anteponer su vida laboral a perder un instante con ese bebé que han llevado dentro y que por razones biológicas las ha transformado.

El fin de aumentar el permiso de paternidad y llegar a igualarlo con el de la maternidad es el de facilitar que el hombre esté en casa y la mujer pueda salir de ella. Pero ya hay grupos feministas que reniegan de ese pensamiento hegemónico que pregona que el acceso al trabajo remunerado hace libres a las mujeres y que incluso están en desacuerdo con que se considere políticamente incorrecto reclamar el derecho a la maternidad.

Hombres y mujeres somos distintos porque la sexualidad es diferente y esto tiene consecuencias físicas y sociales. Una de ellas, que la madre es la gran protagonista a la hora de tener un hijo. Si se toman otros países como modelo, se puede ampliar el derecho de paternidad y llegar a los 365 días que tienen los padres en Austria, pero también bajar al “1 o 2” días de Italia o Países Bajos. Pero como protagonista, la mujer debe tener derecho a más días que el hombre y, por supuesto, a más que las ridículas 16 semanas: en Europa sólo seis países conceden menos días.

A partir de ahí, de tener la posibilidad de disfrutar de la maternidad y no como ahora, que luego decida si cede días de permiso al padre en función de los numerosos condicionantes como son circunstancias familiares, ingresos, colaboración del padre en el hogar, tipo de trabajo... Más permiso sí, pero dirigido a la mujer aunque luego pueda derivarlo al hombre.

El hombre y la mujer no son iguales y no por mantener al padre en el hogar se facilita la incorporación laboral de las madres ni se garantiza que compartan más el cuidado de los hijos. De hecho, en Austria o Suecia, privilegiadas en permisos de paternidad, también son mayoría las mujeres que se ocupan de la educación y cuidado de los hijos. E igualar permisos para que las empresas no discriminen a las mujeres en el acceso laboral no deja de ser perjudicar a dos, cuando hay otras fórmulas económicas que pueden fomentar la contratación de la mujer. A este paso, las empresas contratarán sólo a hombres y mujeres que no vayan a tener hijos y tendremos dos problemas por no saber solucionar uno.

De momento, los avances de la ciencia no han llegado al “nosotros parimos, nosotros decidimos”, aunque denle tiempo al doctor Sánchez.