03 febrero 2023
  • Hola

No vale todo

03 sep 2020 / 03:00 H.

    Mi móvil me escucha. Cada vez estoy más convencido de ello. Incluso en vacaciones. Y creo que está molesto conmigo porque últimamente no le hago mucho caso. La verdad es que desde que me puse las gafas de cerca he vuelto a retomar el placentero hábito de leer en papel y no deja de enviarme alertas.

    Esta mañana, sin ir más lejos, me he levantado y tenía un aviso de que llevaba varios días sin activar el despertador. Luego he puesto el terminal en el salpicadero del coche y me ha saltado un mensaje en el que me decía que estaba a más de cuatro horas de mi destino. Y el cachondo me indicaba la dirección de mi casa.

    Pero no es esto lo que me ha hecho creer que mi teléfono me escucha. Los ejemplos citados bien podrían explicarse por la memoria inteligente del aparato que registra cada una de mis rutinas y localiza con el GPS interno dónde me encuentro en cada momento. Pero lo digo en serio, me escucha. Es hablar de una película delante suya y empezar a recibir correos electrónicos y publicidad asociada a mis redes sociales sobre la cinta en cuestión. Y así con todo.

    Cuando volvía de pasar un rato con las crías en el monte me ha dado por echar un vistazo a los kilómetros recorridos en la pantalla del teléfono. Y allí estaba otra vez su llamada de atención. Me decía que, como estaba donde estoy, me podría interesar la polémica suscitada por el cartel promocional con el que la plataforma HBO estaba anunciando el estreno de la serie “Patria” basada en la exitosa novela de Fernando Aramburu. Y me he mosqueado con él. Con el móvil. Aunque le he hecho caso y, esta vez, he picado.

    He visto el anuncio con las dos fotos enfrentadas en la que equiparan el asesinato de un inocente con la tortura de un terrorista. Dos actos deleznables, aunque no comparables. Como Aramburu, creo que el cartel es desacertado. Y no sólo porque no hace justicia a la novela y -según parece- tampoco a la serie. Es que, como técnica publicitaria, es deleznable. Exactamente igual que la que usaron un par de semanas atrás esos grandes almacenes cuyo nombre alude al modo de cortar las prendas propio de los habitantes de uno de los países que forman el Reino Unido. Sí, esos que anunciaron la vuelta al cole en tiempos de coronavirus con los pies de un niño en una postura macabra e inequívoca colgando sobre una silla. Y es que, por mucho que consigan que se hable de ellos -de la serie o de la vuelta al cole-, jamás el fin justificará los medios.

    Se me ha debido estropear el teléfono. Que ya es primavera dice.

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