15 junio 2019
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No hay lugar para el humor

14 abr 2019 / 03:00 H.

Nadie diría que estamos ante una de las elecciones generales más decisivas de la historia de España. Entramos en campaña y en Salamanca reina la paz, no se mueven apenas los banderines de las farolas y la tranquilidad en la calle resulta más propia de la Semana Santa que de la excitación política propia de un tiempo trascendental para la nación.

Estos comicios son de alta tensión, pero la carga eléctrica discurre por Madrid, Barcelona y un puñado de grandes capitales, donde los cinco partidos nacionales y un atajo de separatistas se disputan los 350 escaños del Congreso y buena parte de los 266 senadores.

En Salamanca estamos ante una de las campañas menos ruidosas y con menos participación de primeros espadas de los últimos tiempos. Tenemos que conformarnos con las migajas.

Algo más que migajas consiguió en su día para el campo español Isabel García Tejerina que se paseó por Valladolid para recordar que Rodríguez Zapatero perdió mil millones de la PAC. Lástima que no viniera a contárnoslo a Salamanca, porque la candidata por Pucela es una de esas políticas a las que no solo da gusto hablar, sino que sabe de lo suyo.

Sí que tuvimos ayer en nuestra capital a la ministra de Sanidad, María Luisa Carcedo, que siendo médico parece que sabe mucho de economía. Según la candidata del PSOE, los problemas del sistema de salud en España se arreglan con más dinero y más personal. Lo de gestionar mejor, buscar la coordinación y equiparación entre autonomías o instaurar una tarjeta única para todo el territorio nacional no se lo han enseñado en la Facultad y como política no le interesa. La buena de Carcedo ha debido pensar que los recortes instaurados por Rajoy, consecuencia directa del desastre presupuestario de Zapatero que nos dejó al borde del rescate, eran una frivolidad, y que todo se arregla volviendo a los tiempos de la barra libre de gastos. Ni siquiera sabe si debe conceder o no al hospital de Salamanca la categoría de CAR-T, como líder de nuevas terapias. Dios nos coja confesados.

Los esforzados aspirantes a diputado y senador del PP salmantino se afanaron el viernes por presentar las quinientas medidas-estrella de Pablo Casado, y claro, no les dio tiempo. Alguien debería haberle aconsejado al aspirante a presidente del Gobierno que ningún español es capaz de leerse quinientas propuestas, y menos de valorarlas. A la altura del número quince la gran mayoría ya habrán saltado a la página de memes del partido, a las divertidas anécdotas que protagonizan los chicos de Nuevas Generaciones, con sus oficinas de viajes y todos esos inventos tan divertidos.

Al PSOE no le ha gustado la broma de la agencia del Falcon y ha denunciado el uso de la imagen de las hijas de Sánchez, que no forma parte del montaje sino que es iniciativa de un carguillo menor del PP madrileño.

Esa falta de humor y esas reacciones histriónicas son propias de la alta tensión electoral que se vive en Madrid y en Barcelona. En la capital condal siguen pensando que la calle, la universidad y las instituciones son propiedad exclusiva de los golpistas y de los supremacistas que les jalean. Pero ha llegado una señora con lo que hay que tener, Cayetana Álvarez de Toledo, y ha decidido que ha llegado el momento de acabar con la tiranía de los supremacistas. Ya lo había hecho con anterioridad Inés Arrimadas en el Parlamento catalán, y ahora la candidata popular ha llevado a la calle ese pulso, el de los demócratas frente a los aprendices de dictador de la ANC, la CUP y los CDR. De momento ha salido viva de los primeros ataques, y eso hay que celebrarlo.

Pedro Sánchez, por su parte, sigue disfrutando a la sombra de las encuestas, y no quiere arriesgar lo más mínimo en un debate mano a mano con Casado. Así que solo debatirá en una mesa de cinco, contando con Vox para no tener que enfrentarse cara a cara con quien podría vapulearle. Y tiene la excusa perfecta: Mariano Rajoy tampoco lo hubiera hecho.