02 abril 2020
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No es una persona normal

20 feb 2020 / 03:00 H.

Alfonso Fernández Mañueco se dirige al presidente del Gobierno de la nación como si se tratara de una persona normal. Le escribe cartas y se dirige a él en el Parlamento regional como si fuera un político responsable y cumplidor, un mandatario cuya palabra importa. El pasado martes levantó Mañueco la voz en las Cortes para exigirle la convocatoria urgente de la Conferencia de Presidentes Autonómicos, como si fuera a servir para otro fin que no sea dar coartada al inquilino de La Moncloa. Pedro Sánchez les reunirá, les oirá, pero no les escuchará, porque solo tiene oídos para los separatistas catalanes, que no acudirán al cónclave porque ellos ya negocian lo suyo aparte. Para Castilla y León será una pérdida de tiempo y para el Doctor No la excusa perfecta para decir que trata a todas las autonomías por igual.

El estilo elegante de Fernández Mañueco, basado en la sinceridad y la lealtad institucional, no vale con este espécimen de la nueva política que ha trepado hasta la presidencia del Gobierno de España a hombros de comunistas, golpistas y filoetarras. Estamos ante un artista de la postverdad, para el que la mentira constituye una herramienta fundamental de trabajo, lo mismo que para Suárez, González o Aznar podían ser la responsabilidad, el compromiso y la palabra. Sánchez ha demostrado de sobra que carece de cualquier escrúpulo, que le da igual vender a su madre (patria), mentir, contradecirse y hacer todo lo contrario de lo prometido, con tal de mantenerse en el poder.

Mañueco debería tener en cuenta con quién se enfrenta y a quién dirige sus solicitudes. Para el Doctor Sánchez Castilla y León es lo más parecido a un cero a la izquierda. Por desgracia, esta Región no tiene mayor peso en el concierto de las autonomías, está habitada por cuatro gatos que mañana serán tres, sus dirigentes no montan bulla y tiene poco peso en votos y escaños, con el agravante de que no está presidida por Tudanca, el fiel escudero del Partido Sanchista. Fantasear con que el presidente de este Gobierno sociocomunista va a escuchar las amables peticiones de esta nuestra Comunidad equivale a soñar con que Sánchez sufra un ataque de responsabilidad, se levante un día arrepentido de sus desmanes y decida trabajar por España con un Ejecutivo apoyado en los partidos constitucionalistas. Antes gana el Salamanca UDS la Champions.

Soñar es gratis, pero nos condena a la melancolía, y no estamos en la edad ni el tiempo de la inocencia.

Mañueco debería ensayar una cara de cierta mala leche y sacar las garras para exigir, sí, pero no tanto reuniones, como hechos constantes y sonantes. Y poner una raya roja en la solidaridad: Castilla y León no puede consentir que el Gobierno de la nación siga premiando la deslealtad de los golpistas catalanes y los separatistas vascos.

No serviría de mucho, pero al menos no le tomarían por tonto.

Lo más efectivo, en todo caso, es que Mañueco, su vicepresidente Igea y toda la Junta se olviden de contar con el Gobierno central para acabar con los problemas de Castilla y León. Mejor dicho: que sigan presionando para exigir inversiones y ayudas tanto de Madrid como de Bruselas, pero que tengan muy en cuenta que la solución pasa por trabajar con sus armas, su presupuesto y su acertada o desacertada gestión. Queda muy bonito decir que la despoblación es un asunto que debe ser atacado con fondos de la UE, o que hace falta un plan nacional para afrontar el reto demográfico, pero más vale que se ponga manos a la obra cuanto antes.

Y hay corte. Por ejemplo, una decisión que puede tomar ya mismo la Junta y que mitigaría la despoblación del Oeste de la Comunidad: acabar con la política ‘herreriana’ de concentración de funcionarios de la Junta en Valladolid, en detrimento de Salamanca y otras provincias. Se trata de aplicar la política contraria a lo que exige el alcalde vallisoletano, el socialista Óscar Puente, que con tanto ahínco defiende la concentración de inversiones en esa provincia y capital. Señor Mañueco: escuche a Puente y haga justo todo lo contrario. Por algo se empieza.