17 agosto 2019
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Ni injerencias genovesas ni de Igea

19 jul 2019 / 03:00 H.

Mañueco ha sido previsible en su Gobierno, como él mismo reconoció el martes cuando dio a conocer los nombres. Los seis consejeros propuestos por él no han sido ninguna sorpresa. Eran los que desde hace tiempo estaban en todas las quinielas y los que le han acompañado en su carrera a la Presidencia de la Junta. Algunos han sido “pieza” fundamental para que las negociaciones con Cs llegaran a buen puerto, como Carlos Fernández Carriedo.

El palentino ha sido el hombre tranquilo y moderado que ha puesto cordura cuando las negociaciones con Igea estaban a punto de descarrilar. Su amplia experiencia política en puestos de responsabilidad y su afán por encontrar una solución para cada problema que se pone encima de la mesa, lo han convertido en uno de los puntales de Alfonso Fernández Mañueco. Nadie dudaba de que era uno de los fijos para la quiniela de seis.

Carriedo vuelve a asumir las competencias de Hacienda, el área en la que inició su carrera política como director general de Presupuestos de la mano de Isabel Carrasco. Pero ha sido consejero de Sanidad -y sin hacer tanto ruido como Antonio María Sáenz Aguado-, de Medio Ambiente y Empleo, en sustitución de Rosa Valdeón. Hoy por hoy es la mano derecha y experimentada del nuevo presidente, aunque en su cartera no sea lea vicepresidente de la Junta o consejero de la Presidencia.

También eran bastante pronosticables las dos mujeres del presidente -la tercera consejera que entra en el Gobierno regional la propuso Igea- . Tanto la zamorana Isabel Blanco como la soriana Rocío Lucas estaban ya en la ejecutiva regional del Partido Popular desde el último congreso. Las dos cuentan con un largo recorrido profesional y las dos llegan con una visión política de la gestión de Gobierno, algo fundamental para Mañueco y una de las carencias que más se han puesto de manifiesto en los últimos mandatos de Juan Vicente Herrera.

Con Ángel Ibáñez, el presidente más breve de las Cortes de Castilla y León, Mañueco pretende recomponer el partido en Burgos, una de las provincias donde ha sufrido el mayor revés electoral y eso que el “ex” es de allí. Emergió como político desde el mismísimo barrio de Gamonal, el más poblado de Burgos y que hace unos años saltó a la actualidad nacional por un conflicto vecinal que se originó por unas obras y acabó extendiéndose como la pólvora por otras ciudades de España. Lo que empezó como un desencuentro entre los vecinos y el entonces alcalde de Burgos, Javier Lacalle, acabaría convirtiéndose en una reivindicación social y colectiva que desangraba al PP en forma de pérdida de apoyos. Ibáñez está llamado a reconquistar los votos perdidos en los tiempos de Javier Lacalle y Juan Vicente Herrera.

La única duda era la continuidad del leonés Juan Carlos Suárez-Quiñones, el juez que llegó a la política de la mano de la que fuera vicepresidenta del Gobierno, Soraya Sáenz de Santamaría, como delegado del Gobierno en Castilla y León. Igea lo había vetado, en contra del partido naranja, que no encontraba causas razonables para trazar una línea roja sobre el magistrado. Ayer el vicepresidente asumió que probablemente se había equivocado.

Mañueco ha demostrado que no ha admitido injerencias en sus nombramientos, ni de Igea ni de los “genoveses”. Ni siquiera ha dejado fuera al presidente del PP de Valladolid y desde ayer consejero de Agricultura, Ganadería y Desarrollo Rural, Jesús Julio Carnero. Probablemente no era una de las personas de su confianza y posiblemente no estaba en su lista si los de Casado no hubieran pedido su cabeza. Carnero no es un hombre de Génova, más bien todo lo contrario: al “sorayista” han querido segarle la hierba bajo sus pies y echarlo a patadas de la Presidencia del partido.

Acertará o se equivocará con los suyos, bueno con los suyos y con los de Igea, pero son los suyos y no ha consentido imposiciones de su partido. Y seguro que tentaciones han tenido en más de una ocasión.