28 septiembre 2021
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Mudanzas

12 sep 2021 / 03:00 H.

    Por fin este lunes toma impulso el traslado al nuevo hospital, con regulaciones de tráfico y logística propia de una operación militar. En la Hemeroteca de este diario centenario están las crónicas del traslado de pacientes del Hospital Provincial al Clínico, que se iba a inaugurar, con ambulancias que subían y bajaban pacientes en 1976 por el Paseo de San Vicente. Pues ahora toca algo parecido, cuando creíamos que nunca sería, casi a Feria pasada y con Camilo en el escenario. Es uno de los cantantes de moda, famoso por su bigote daliniano y letras inspiradas en su esposa, Evaluna Montaner, hija del actor y cantante Ricardo Montaner, tremendamente popular allá en América. La mudanza de hoy coincide con la de miles de estudiantes que regresan a pisos y residencias, repúblicas universitarias, para un curso que apuesta por la presencialidad en las aulas, ha insistido el Rector, Ricardo Rivero, y la presencialidad en los bares, que mañana recuperan la barra y en el caso de la noche, la vida misma. Habrá nuevas olas, nos dicen, pero no serán como las que hemos vivido, así que algo se tendrá que inventar el dúo dinámico de nuestra sanidad regional, tan cuestionados hoy que hay quien habla de mudanza política en la Junta.

    La hospitalaria, que comienza hoy, llega con la feria taurina ya solo pendiente de la corrida de San Mateo. Ha sido una feria vista y no vista, demasiado breve, diría, en la que casi no ha dado tiempo a ver nada, si acaso las enormes ganas de regresar a La Glorieta de los aficionados y la confirmación de que los toros siguen siendo asunto de valor, como demostraron Roca Rey y nuestro López Chaves en la apertura, ante un fascinado Carlos Fitz-James Stuart, hijo del Duque de Alba, al que alguien le habrá contado que su abuela, Cayetana, honraba la plaza con su presencia de vez en cuando, o más bien cuando toreaba algún Rivera. Da la sensación de que eran otros tiempos, de cuando Cristina Sánchez se exponía en las plazas ante la indiferencia masculina; hoy lo hace como representante de nuestra Raquel Martín, ambas, el viernes en los tendidos, en un tiempo en el que las mujeres ganan visibilidad también en espacios como el taurino. Y no como algo exótico. La época está de mudanza. Ayer, quien comía en la Plaza del Peso, en casa de Pauli, era el propio Duque, al tiempo que un servidor daba cuenta de un rabo de toro, cumpliendo una tradición con peso con Germán Hernández, cada vez más parecido al capitán Ahab, protagonista de la novela de Moby Dick, de Melville. Los toros han llenado restaurantes y hoteles, y han vuelto a confirmarse como una de las referencias del septiembre salmantino. Lugares como el Mesón de Gonzalo han sido un buen termómetro. Su dueño, Gonzalo Sendín, protagonizó la fotografía social de esta feria reuniendo a Miguel Ríos, que sigue viviendo en la carretera, al gran Bernardo Schuster, y al profesor Carlos Sobera, cuyo pasado docente hace que se sienta aquí –Salamanca, docet—como en casa. El año que viene hay que conseguir que Ríos actúe en la Plaza Mayor para conmemorar los cuarenta años de aquel concierto y que se coloque La Mariseca, tan añorada por los aficionados.

    El final de la Feria lo cambia todo. Despide el verano ya con los escaparates de otoño, muda de árboles, y cierto retorno a la normalidad. Hasta alguna despedida de soltera se concentraba ayer en la Plaza del Poeta Iglesias. Mañana, el espectáculo está en ese traslado de pacientes al nuevo hospital como una señal de que los tiempos están mudando, al igual que el retorno de las consultas presenciales. Pronto La Glorieta mudará el bullicio de estos días por el silencio. Otra vez el silencio, y la esperanza de que el año que viene la Feria será distinta. Amén.

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