02 abril 2020
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Modelo islandés

17 feb 2020 / 03:00 H.

Ellos, Ignacio y María, sí lo consiguieron hace ya unos cuatro años: querían llamar ‘Lobo’ a su hijo recién nacido, y por fin lo lograron. Habían chocado por ello con las instituciones, que consideraban que, como nombre de pila, ‘Lobo’ no era un antropónimo deseable. ¿Por qué? El argumento inicial del Registro Civil de Fuenlabrada, donde los padres intentaban inscribir al niño con ese nombre, no parecía muy consistente: llamar a su hijo ‘Lobo’ podría inducir a error, porque se trata de “un apellido común”. Esa misma razón, obsérvese, impediría poner el nombre de pila ‘Martín’, según el Instituto Nacional de Estadística el décimo apellido más frecuente entre los residentes en España.

En realidad, los motivos eran otros más sólidos, y, a la vez, más opinables. El Registro Civil de Fuenlabrada les notificó que no aceptaba este nombre porque “podría ser ofensivo para el pequeño”. Finalmente, el Ministerio de Justicia, ante la debilidad formal de los argumentos, decidió dar el visto bueno al peculiar nombre de pila, observando que se han dado por buenos otros muchos del mismo estilo: Paloma, Coral, Delfín (y no olvidaremos a León Tolstói).

Con esta medida se evitaba algo importante, por lo visto y oído estos últimos días: la intromisión del Estado en asuntos que, en apariencia, solo conciernen a los padres (los bebés y niños pequeños tienen poco que decir en estas circunstancias). En apariencia, digo, porque no todos los países caminan en el mismo sentido en estos asuntos de intervención en asuntos supuestamente privados. Es el caso de Islandia, una democracia ejemplarmente consolidada (posiblemente la más antigua del mundo). “Los padres islandeses no pueden llamar a sus hijos como les plazca”, anota Gemma Saura en un documentado reportaje sobre este asunto. En efecto, se descartan en Islandia nombres como Lucifer, que pueden causar problemas, o como Hannalisa, ajeno a la tradición antroponímica del país (hortera, vamos).

A la hora de poner nombre a sus hijos recién nacidos, los islandeses disponen de la ayuda de un ‘Comité para los Nombres’ que puede asesorarles en la selección del antropónimo adecuado: para ello les ofrecerá un listado de 2.500 nombres por género, todos ellos bien fundamentados histórica y lingüísticamente. Los padres rebeldes, según se avisa en la legislación, deben solicitar un permiso especial.

El foco de discusión no queda en los nombres de pila. Sí en la pregunta subyacente: ¿conviene seguir el modelo islandés? ¿O el modelo ‘Lobo’?