01 diciembre 2020
  • Hola

Mi querido Francisco

    Perdóname pero tus decisiones me desconciertan. Te prodigas por unos medios de comunicación y descuidas a otros con los que siempre esa gran casa había mostrado afinidad. Dices hoy una cosa y al rato no la contraria, pero sí con un matiz que la convierte en diferente. Cuando llegaste fuiste un rayo de luz, la imagen de la renovación, de la transparencia, de la ilusión... y ahora se ponen en duda tus decisiones, algunas difíciles de comprender. Hoy tienes otra prueba de fuego.

    Querido Francisco, disculpa que me dirija así a ti pero desde el primer momento, cuando apareciste en el balcón de las Bendiciones sin la esclavina de púrpura y la estola nos dejaste claro que eras simplemente Francisco. Eras el “cardenal de los pobres”, el obispo argentino acostumbrado a viajar en metro, a cenar en comedores sociales... El mismo que llegó al Vaticano con el objetivo de abrir las puertas de la Iglesia y que busca el contacto con las familias que no frecuentan la parroquia.

    Y en los siete años que han transcurrido desde que lo dijiste, lo has cumplido, porque quienes te frecuentan, quienes te siguen, quienes alaban tus encíclicas son mayoritariamente los que no pisan la Iglesia. Mira a Pedro Sánchez, a quien hoy recibes, a Echenique, a Errejón... y en el otro lado te siguen, desconcertados, el PP, Ciudadanos o Vox, estupefactos hasta el punto de que tras tu encíclica “Fratelli Tutti” hubo quien te invitó a hablar de Dios y a dejar la Economía a un lado.

    Fuiste social al principio y ahora eres el Papa político, el que arremete contra casi todo: contra el neoliberalismo, la globalización, el populismo, la propiedad privada, el nacionalismo, el poder de los gigantes digitales... El Papa que atrae principalmente a los líderes de la izquierda, el que sorprendió al mundo cuando llamó a Rodríguez Zapatero después de que se autoproclamara observador internacional en las elecciones de Venezuela que ganó Maduro entre acusaciones de fraude, mientras su pueblo se muere de hambre. Recibiste al venezolano del chándal y buscas el diálogo con él mientras la oposición venezolana liderada por Leopoldo López, conocía atónita tu reunión con Zapatero y te pedía explicaciones sobre el contenido, aunque sin lograrlas.

    Y hoy, ¿qué le dirás a Pedro Sánchez? El presidente del Gobierno es del perfil de hombre alejado de la Iglesia hasta el punto de que los programas electorales que ha defendido siempre la han tenido en el punto de mira. La cúpula católica española estaba tan alejada, que no felicitó al presidente hasta dos meses después de ganar las elecciones, pero ahora la renovación que has realizado de obispos más afines a tu línea elimina situaciones incómodas. Dicen que por eso, por la incomodidad que te suponía verles, no llegaste a venir a España cuando te esperaba Alba de Tormes con los brazos abiertos para celebrar el V Centenario del nacimiento de Santa Teresa de Jesús. Entonces la disculpa fue la preferencia de realizar solo viajes alejados, pero luego sorprendieron tus visitas a Portugal o Francia.

    En la visita de hoy, Pedro Sánchez buscará la foto, el reconciliarse definitivamente con quien criticó su gestión con los migrantes y convertirse en “amigo” tuyo, con quien compartes tantas inquietudes ecológicas (encíclica “Laudato si”). Y puedes seguirle el juego o plantearle si renunciará definitivamente a la publicación de la lista de bienes inmatriculados por la Iglesia o pedirle cuentas sobre las modificaciones que plantea de la ley del aborto, o hablarle de la reforma educativa o de la ley de la eutanasia. Quizás le puedes plantear a Pedro Sánchez esa batería de preguntas que dijiste que tendría que hacerse el político. Aquello de “¿en qué hice avanzar al pueblo? ¿qué marca dejé en la sociedad? ¿cuánta paz social sembré?” Y si habláis de la memoria histórica, por favor, recuerda también a las víctimas de ETA, con crímenes sin resolver. Sería una pena que todo se quedara en qué te regala y que nos enteráramos a través de Évole.

    Querido Francisco, que bueno que volvieras a acordarte de España.

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