19 mayo 2022
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Menos mal que está Garzón

05 ene 2022 / 03:00 H.

    HAY vida más allá del covid, sí. Aunque el miedo nos haya paralizado, Garzón nos agita y despierta de esta hibernación. Lo hizo con su campaña en contra del azúcar, también en su afán por acabar con el chuletón y con su cruzada contra las vacas, y siempre con razonamientos propios de Primaria. Y ahora ha rematado la faena en The Guardian al decir que España exporta reses de poca calidad y maltratadas.

    Menos mal que existe Garzón porque como se centra en arruinar a los agricultores y ganaderos nos hace recordar que debería preocuparle como ministro de Consumo la inflación, disparada al 6,7%, o el desorbitado precio de la luz, o que ya hay 6 millones de españoles en pobreza extrema. Garzón nos hace recordar que hay vida más allá del covid y nos despierta cuando ni siquiera nos enerva que el Congreso vaya a estar de vacaciones hasta casi mediados de febrero porque Sánchez quiere que sus señorías no molesten. Nos tiene al punto, el de una sociedad dócil acostumbrada a esperar a la puerta del centro de salud o a ser diagnosticados por teléfono estemos en la sexta ola o en calma chica. Somos los que asumimos sin rechistar que sea obligatorio llevar mascarilla por un camino desierto o que no cuestionamos que para salir sin ella sea necesario fumar -pese a la propagación por aerosoles- o ir con chándal.

    Garzón es quien nos hace poner pie en pared y nos devuelve nuestra esencia crítica y nos aparta de ese miedo que hace que incluso lleguemos a tratar como culpables a contagiados de covid porque “no tiene cuidado”, cuando jamás nos cuestionábamos algo así por ejemplo con la gripe, que también se contagia y nos mata y mucho. Compadecíamos, no acusábamos ni buscábamos quién le habría contagiado.

    Tiene que ser el miedo... ese constante mareo de cifras que nos ha convertido en adictos diarios al número de contagios y de hospitalizados. Ese baile que no para, donde la música del terror a la muerte suena aunque nos digan que a pesar del alto número de contagios solo hay 5 personas de Salamanca en UCI; a pesar de que el virólogo García-Sastre asegure desde su atalaya privilegiada de Monte Sinaí que un asintómatico tiene el virus pero no covid y que ese nombre solo vale para los casos graves. Pero no interesa. Es mejor que mantengamos interiorizado que lo único importante es la salud aunque suba la luz.

    Menos mal que está Garzón, ese curandero de películas del Oeste que planta su carro lleno de pócimas en la plaza hasta que deja al personal sin blanca, como buen timador palabrero. Gracias a Garzón sabemos que es inútil un Ministerio de Consumo. Sabemos que un ministro charlatán va contra la economía española. Sabemos que juega, cual aprendiz de su admirado Fidel, a que todos comamos lo que diga mientras él se queda con el solomillo, el ibérico y el foie, como hizo en su boda, como hacía Castro con las vacas. Sabemos que su sueño cubano es racionarnos a los demás una carne que es esencial para nuestro desarrollo intelectual, y no lo dicen palabreros como él. Sabemos que cuando un ministro lanza acusaciones tan graves no puede estar un solo segundo en el cargo. Si hubiera maltrato, su obligación sería denunciarlo, y si no tiene pruebas de lo que ha dicho, no puede ser ministro.

    Menos mal que está Garzón, que ya dejó escrito en 2021 que su modelo de consumo era el cubano. Allí el ciudadano está condenado a vivir de la caridad del Gobierno y sometido a la dictadura por el miedo. Menos mal que está Garzón, que nos hace recordar que en España cada vez hay más funcionarios y subvencionados. Menos mal que está este ministro atípico que rompe estrategias y que pone en un compromiso a Sánchez porque debería cesarle de inmediato por atentar contra la industria cárnica, los agricultores y ganaderos. Si no lo hace, que no lo hará, el presidente será su cómplice y su mayor valedor. Y si Planas no reacciona y pide la dimisión de Garzón, que no lo hará, se consolidará como ese cobarde que deja a los pies de los caballos al ganadero.

    Garzón está encantado con su juguete, que es ser ministro, y no le importa romperlo porque como buen niño pijo sabe que papá Sánchez le regañará pero que le comprará inmediatamente otro para que no le moleste.

    Qué gran desgracia que sea ministro Garzón aunque nos despierte.

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