23 julio 2019
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Menos es más en política

22 abr 2019 / 03:00 H.
Pablo Montes
Sin tapujos

Ya lo dijo Rajoy. “Cuanto peor, mejor para todos y cuanto peor para todos, mejor para mí el suyo beneficio político”. Eso se puede traducir en que lo mejor para la ciudadanía no es siempre es lo más positivo para el político de turno. Y que para ellos menos suele ser más. Si no, que se lo digan a Sánchez y Abascal. Durante esta campaña su estrategia estaba clara. No meter la pata para no estropear los votos, que por ciencia infusa, les van a llover del cielo. Al presidente, por el hundimiento de Podemos. Y al líder de Vox, por el previsible batacazo de Casado. Cuando no te dejan de caer bellotas de la encina, es más rentable no preguntarse nada y quedarse debajo con la boca abierta.

Pero una de las muchas cosas malas que tiene la campaña es que es larga y tediosa. Eso multiplica las ganas de que haya emoción y polémica. Algo que va en contra de los amigos de dejar pasar el tiempo y del menos es más. Ya lo dije la pasada semana. Lo único interesante de este periodo es el debate. Aunque aún no haya llegado, su intrahistoria nos ha dado mucho que hablar.

El error garrafal cometido por Sánchez da una idea de su bisoñez e incapacidad para ser presidente del Gobierno. Si alguien aún pensaba que estamos antes el nuevo Obama, que vaya quitándoselo de la cabeza. Es un mediocre de cartón piedra sustentado por cientos de socialistas que le dieron lógicamente la espalda y que ahora le ponen la sonrisita falsa por la cuenta que les trae. Nadie que ha enarbolado la causa de los debates puede negarse precisamente a eso, debatir. Y mucho menos usando como un trapo a esa Televisión Española de la manipulación y la desvergüenza. Me hace gracia porque a la izquierda siempre se le llena la boca con la defensa de la independencia y la pluralidad del ente público. Pero en la práctica la manosean con el mayor de los descaros. Y en este caso usando como brazo ejecutor a una profesional que tenía en estima, pero que ha demostrado ser un dantesco títere de Sánchez. Rosa María Mateo ha bajado a los infiernos y ha socavado aún más el minúsculo prestigio de una televisión de la que muchos huimos cuando suena la sintonía del Telediario.

No sabemos qué repercusión tendrá esta torpe jugada en la jornada electoral, pero Sánchez va a tener que debatir por partida doble y además hablar de la chapuza en TVE. Hasta sus socios de Podemos le han dado leña. Este tramo de final de campaña puede ser un infierno. El líder del PSOE ya piensa en cambiar su lema por “haz que pase cuanto antes”.

A Santiago Abascal le ha sucedido algo similar. Menos apariciones públicas en los medios, es más. En su caso la jugada del debate le ha salido redonda. El candidato de Vox no quería hablar con nadie. Es muy corto. Su discurso es limitadísimo. Está repleto de tópicos y carente de propuestas. Por eso una confrontación de estas características sólo le podría traer disgustos. Además ha quedado como víctima de una inexplicable decisión de la Junta Electoral Central que propicia la participación de los siempre parásitos nacionalistas. Esos que usan nuestras instituciones para acabar con ellas.

Vox tampoco quiere salir en los medios. Para ellos son el demonio y, lo peor de todo: muchos españoles lo aplauden. Algo estaremos haciendo mal para que nos vean así. El problema es que, al margen de apropiarse de la palabra España, no sabemos qué propuestas tienen para que funcione realmente un país. Mejor dicho, sí se les ha escapado alguna que da auténtico miedo como que los mileuristas paguen IRPF y las rentas altas pasen del 50% al 30%. También desconocemos sus planes para Salamanca. Ni una medida ha salido del cunero condenado candidato de Vox al Congreso por esta provincia. Lo dicho, menos es más.

Esto es la degradación de la política. Nadie pide explicaciones a nadie. Los silencios valen más que las palabras. Los lemas grandilocuentes en un tuit pueden más que las propuestas serias. Las banderas se comen a los programas. Ni tan siquiera preguntamos qué hay de lo mío. Eso no es votar con el corazón, ni mucho menos con la cabeza. Eso se llama irresponsabilidad.