19 mayo 2019
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Mayra

12 mar 2019 / 03:00 H.
Juan Mari Montes
Cuaderno de dudas

Precisamente en esa jornada del 8 de marzo, dedicado a la mujer, supimos de la muerte de Nicéfora García Barbero, más conocida como Mayra, tras el caprichoso bautismo artístico de algún técnico radiofónico. Tenía 83 años, padecía Alzheimer y un fallo multiorgánico terminaba con su vida.

No está de más repasar su trayectoria, aunque su nombre diga poco a las nuevas generaciones, ya no sólo por ese carácter evanescente y efímero que acompaña con frecuencia el pop, sino también por el nulo interés en este bendito país por fomentar otra cultura musical que no responda a la operación del triunfo inmediato que propagan nuestros televisores. Lo digo porque Mayra fue de algún modo una pionera y seguramente la única voz femenina salmantina que de verdad durante años se escuchó fuera de nuestras fronteras, algo en lo que no ha tenido muchas herederas, que uno conozca.

Nacida en plena posguerra, se presentaría como Nice García en el Bretón siendo apenas una adolescente para enrolarse poco después en distintas formaciones hacia los años cincuenta siendo Los Trovadores del Sur, los que más trascenderían en esta primera época. De ahí pasaría al Trío Siboney, en el que conocería el ceutí Manuel Palomo, con el que además de casarse, en 1957 formaría junto al sevillano Julián Jimeno, su grupo más conocido: Los Tres de Castilla. Dos años más tarde tendrían su primer gran éxito (“La luna me engañó”), que revalidarían con otro single de temática lunar: “La luna se llama Lola” antes de ganar el Festival de la Costa Verde, uno de aquellos certámenes importantes de la época. “Abaníqueme usted”, era en este caso el curioso título con el que una pizpireta y juguetona Mayra demandaba atención varonil para curar sus imprevisibles sofocos. Por entonces la voz de Mayra y su formación, eran más que habituales en todo tipo de programaciones radiofónicas y televisivas. La irrupción en el 63 de lo que se llamó música yeyé y el terremoto Beatles, tampoco les pillaría con el paso muy cambiado y se entregarían con fruición y sin complejo a estos nuevos ritmos, hasta llegar vivitos y coleando a los setenta donde los nuevos grupos y artistas españoles más jóvenes, les irían relegando de la actualidad. Aún así, con más discreción y esporádicas actuaciones seguirían juntos hasta 1974, fecha en la que desaparece su actividad. Sirvan estas líneas de recuerdo y homenaje.