18 junio 2019
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Matar al padre

19 may 2019 / 03:00 H.

El deseo hacia la madre y el odio que lleva a matar al padre definen el complejo de Edipo sobre el que Sigmund Freud sentó las bases del psicoanálisis. Dejando a un lado el plano del subconsciente y del sexo, el complejo del rey griego define el tiempo en el que el hombre rompe las cadenas de la protección paternal y comienza a ejercer como una persona independiente.

En este segundo sentido podemos enmarcar las últimas declaraciones de Alfonso Fernández Mañueco frente a la Junta de Juan Vicente Herrera. El candidato del PP ha decidido desmarcarse de la política del Gobierno regional de su propio partido, harto de comprobar cómo algunos inquilinos del Colegio de la Asunción se dedican con fruición a cabrear a colectivos relevantes de la ciudadanía de Castilla y León, convocada a las urnas dentro de siete días.

Cuando leímos las declaraciones de Mañueco en León, exigiendo una investigación urgente de las meteduras de pata en las oposiciones a enfermería, cualquiera hubiéramos pensado que había un error y que correspondían a uno de los tres líderes de la oposición regional. Pero no. Era el candidato a la Presidencia de la Junta por el PP el que llamaba a los suyos a abandonar la complacencia y a subsanar cuanto antes las incorrecciones de la convocatoria. Además de su coraje, Mañueco demostraba su saciedad respecto a las zancadillas que Herrera y sus compañeros de gabinete le han ido poniendo desde que ganó hace dos años las primarias en contra del aparato gubernamental.

Para rematar, el viernes el candidato fue a la tierra natal de Herrera para declararse allí como “el hijo rebelde” que hará cosas muy distintas a los deseos del burgalés, sin dejar por eso de admitir lo bueno de su gestión en estos 18 años de herrerismo.

Mañueco gobernará de una forma diferente, aunque no opuesta, a la de Herrera. El salmantino quiere recuperar la ilusión y el ímpetu que le han faltado al burgalés en las dos últimas legislaturas, a las que fue arrastrado muy a su pesar. Herrera se ha dejado llevar en estos ocho años y su gobierno ha caído muchas veces en la melancolía, en la autosatisfacción y en la falta de reflejos para corregir equivocaciones flagrantes. Conociendo su trayectoria, el candidato marcará un estilo más descentralizado y más participativo, después de las últimas legislaturas en las que las consejerías han contado poco o nada con la opinión de las autoridades locales de las nueve provincias.

No cabe duda de que, si finalmente llega al Colegio de la Asunción, Mañueco recibirá una herencia excelente en campos como la educación o los servicios sociales, donde Castilla y León se ha convertido en líder indiscutible entre todas las regiones de España. Y esto con una política sobria en lo económico, frente al derroche de otras autonomías, y siempre desde el respeto y la lealtad institucional (eso sí, quizás con demasiado respeto y poca reivindicación).

Pero también deberá asumir el reto de enderezar el rumbo de la sanidad y la función pública, donde la gestión no solo ha sido manifiestamente mejorable, sino que ha pecado de soberbia.

El otro ámbito en el que se pondrá a prueba la capacidad del candidato del PP para enmendar el camino de la indolencia en el que permanecía sumido su predecesor será la lucha contra la despoblación. La pérdida de habitantes figura sin duda en lo más alto de los reproches que pueden hacerse a la Junta y ahí ha faltado determinación, capacidad de riesgo e imaginación.

Todo esto siempre que le cuadren los resultados del domingo, que sigue siendo incierto, aunque ya hay síntomas de recuperación de voto al PP en toda España, tal y como reflejaba la encuesta publicada por LA GACETA este viernes pasado. El retorno de los simpatizantes huidos a Vox, cuyas papeletas se perdieron por el desagüe de la Ley D’Hont el 28-A, será una de las claves para comprobar si veremos un nuevo estilo de gobierno del centro derecha en Castilla y León, o ensayaremos otras fórmulas ignotas.