25 enero 2020
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Maquillaje en el PP de Casado

14 ene 2020 / 03:00 H.

Parece que Pablo Casado ha aceptado el magisterio del PSOE y se dispone a moderar el Partido Popular, como le pedía encarecidamente la portavoz socialista en el Congreso. Decía Adriana Lastra que el PP “sólo tiene dos opciones, o intentar volver a ser una derecha democrática, liberal pero democrática, o dejarse llevar y arrastrar por la ultraderecha neofranquista». Y no ha tardado ni cuarenta y ocho horas el presidente de los populares en agarrar el timón y pegar un viraje a la nave a la búsqueda del centro perdido.

El sucesor de Mariano Rajoy reunió a su Junta Directiva para anunciar un ambicioso proyecto de rehabilitación en Génova 13, incluido enjalbegado y maquillaje de la fachada (¡Ojo, cuidado con lo de la fachada!). Pablo Casado y el lanzador de aceitunas proponen a sus compañeros un rediseño para conseguir que la formación lidere en el futuro “una mayoría centrada, un partido ampliado que sea más popular y menos partido”. Quieren un PP amable, en lugar de un PP “desestabilizador y bronco que pierda de vista sus obligaciones institucionales y de Estado”, en lo que puede interpretarse como una confesión de sus pecados y un claro propósito de enmienda.

De esta forma y manera, el líder supremo y el secretario general vienen a darle la razón a los autores de los últimos ataques furibundos del Partido Sanchista y su corte mediática, que se han desgañitado al denunciar un PP echado al monte, con el mismo discurso que la ultra derecha de Vox, y cuya falta de sentido de Estado le habría impedido abstenerse ‘gratis et amore’ para investir al Doctor No es No.

¿Cómo será este nuevo PP tras la reconversión? Según Casado, se nos avecina un partido “firme y en su sitio, centrado en las cuestiones esenciales para España, propositivo y realista”. ¿Y cómo se sustancia esta ideología moderada y positiva? Pues en cuatro medidas, tres de las cuales suponen denuncias en los tribunales, algo que no parece muy propio del estilo constructivo recién estrenado: recurso contra la propuesta de la exministra Dolores Delgado como fiscal general, denuncia por prevaricación contra el presidente del Parlamento catalán, Roger Torrent, y denuncia por usurpación de funciones contra la marioneta de Puigdemont en la Generalidad, Quim Torra. En el lado positivo, promoverá una reforma de la Ley Electoral para que los prófugos de la justicia no puedan ser elegibles. Cuatro iniciativas realistas, coherentes y quizás necesarias, pero que podrían ser firmadas sin titubeo alguno por Santiago Abascal y sus chicos.

Es pronto para decirlo, pero no parece que Casado haya acertado con la estrategia adecuada a sus propósitos. En política de partidos no es bueno anunciar los cambios de rumbo a bombo y platillo, porque militantes y simpatizantes tienden a desorientarse, con el peligro evidente de marearles con tanto volantazo y perder adeptos por babor y estribor como le ocurrió a Albert Rivera.

Los cambios de estrategia y la reubicación en el espectro político han de hacerse día a día en la gestión del partido, en la manera de ejercer la oposición y en las relaciones con el Gobierno y el resto de formaciones.

No basta con afirmar que a partir de ahora el PP va a pensar más en España que en el partido o que ya no le vale lo del “cuanto peor, mejor” pensando en obtener un rédito electoral de los destrozos provocados por el Partido Sanchista. Es más, el mero hecho del anuncio predispone a pensar que esas tácticas han sido las empleadas hasta el momento, algo que ningún dirigente popular admitiría de buen grado.

Es caer en el mismo error que negar la división “entre blandos y duros, entre halcones y palomas” en el PP postmarianista, como hizo ayer Casado. Basta con mentar la bicha para que todo el mundo piense en un partido escindido en dos bandos, con las heridas sin cerrar tras la marcha del gallego.

En todo caso, no hay otra alternativa al sanchismo y por tanto estaremos atentos a la oposición que haga este nuevo PP, destinado a gobernar lo que quede de España tras el paso del ciclón sociocomunista.