19 abril 2019
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Los valientes de Vox

16 abr 2019 / 03:00 H.

Vox volvió ayer a dar ejemplo de todo lo contrario de lo que dice ser. Visitaban Salamanca el secretario general del partido verde y candidato por Salamanca, Víctor González Coello de Portugal y la secretaria general de Madrid, Rocío Monasterio. El acto, con menos afluencia de seguidores que el de Ortega Smith hace dos meses y medio, comenzó a las 7 de la tarde, pero habían convocado a los medios un cuarto de hora antes, sin embargo les dieron plantón. Y no es la primera vez que desprecian el papel de los medios de comunicación, sobre todo el de aquellos que nos les regalan las lisonjas que buscan en cada acto público de esta campaña electoral.

Ayer descubrimos algunas cosas escondidas tras el oscurantismo impuesto por el partido. Por ejemplo, que el candidato al Congreso por Salamanca, Víctor González Coello de Portugal, resulta que no es cunero. Tiene sus raíces, según contó él mismo, en Puerto de Béjar, ya que su padre y buena parte de su familia paterna procede de la localidad bejarana y allí pasaba parte de sus vacaciones de verano.

En su primera intervención como candidato habló de honradez, del valor de la palabra dada y pronunció muchas veces la palabra “España”, como si solo Vox pudiera defender el valor de la bandera y lo que significa mantener la unidad. Ni una palabra de cómo va a defender Salamanca en el Congreso si consigue el escaño que le atribuye el CIS de Tezanos. No dijo si su presencia en Salamanca, circunscripción a la que pretende representar, se va a limitar al mitin que dio ayer rodeado de toda su familia —padres, mujer y sus ocho hijos— o estará con la gente, con los salmantinos, con las personas del mundo rural para escuchar sus problemas, en definitiva con los trabajadores de esta tierra que se levantan cada mañana —o con los que madrugan para ir a trabajar, como les gusta decir a ellos— para sacar adelante a sus familias, para crear puestos de trabajo o para luchar por mantener el campo de Salamanca, la dehesa charra o solo va a oír al presidente local de Vox, Rafael Revert, un personaje de dudosa ejemplaridad, que se parapeta detrás de sus siglas para no responder de sus flaquezas.

No seré yo quien juzgue, porque como dijo Jesucristo: “No juzguéis y no seréis juzgados”, pero advierto que los salmantinos que conocen al actual dirigente de Vox en Salamanca no lo reconocen como digno representante en las instituciones de una provincia que sabe mucho de honradez, honestidad, coherencia, sentido común y trabajo.

Se les llena la boca hablando de España, pero España son, sobre todo y fundamentalmente, sus gentes, los españoles por los que algunos tienen muy poco respeto, por no decir ninguno. A mi lado estaba ayer un señor de mediana edad que, cuando Rocío Monasterio se disponía a criticar al “popular” Javier Maroto por su “cobardía” frente a Bildu, gritó: “maricón”. Es una indignidad no respetar al diferente. Es al menos tan indigno como no respetar a la patria o a la bandera.

Empiezo a entender que hay razones por las que el partido de Abascal huye de los medios de comunicación como alma que lleva el diablo. Es mucho más fácil para ellos esconderse en las redes sociales donde no tienen que contestar preguntas incómodas sobre su programa electoral, si es que lo tienen, o sobre la más que dudosa trayectoria vital de algunos de sus candidatos.

Ser valiente no es solo enfrentarse a los que no piensan como usted, señora Monasterio. Ser valiente es dar la cara y afrontar preguntas incómodas sobre sus trayectorias profesionales y personales, sobre los méritos que “condecoran” el currículum de sus candidatos para hacerse merecedores de ser representantes de los salmantinos en las instituciones públicas.

Ser valiente significa dignificar la política, respetar al adversario aunque sea diferente. Es darnos algún motivo para votarles, más allá de gritar España y de llamar cobardes a todos los demás. No es solo predicar, también hay que dar trigo y rendir cuentas, aunque eso no les guste.