29 septiembre 2020
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Los tratantes

03 ago 2020 / 03:00 H.

    Refugiándome en la sombra de los soportales de la Plaza me parece entrever las huellas de aquellos tratantes que, con un apretón de manos y el pulcro valor de su palabra, cerraban tratos mucho más firmes que los que ahora garantiza la maraña de legulajos del derecho comercial. Hoy puedes pagar religiosamente un mueble de Ikea sin que la empresa sueca se vea en la necesidad legal de entregarte la mercancía tres semanas después, en la fecha pactada. No asume consecuencias. Los grandes emperadores de Internet operan en países en los que las leyes son diferentes a las que rigen en sus sedes e igualmente estamos indefensos ante la piratería de los proveedores telefónicos, que no soportarían una rigurosa inspección comparativa entre los términos de los contratos estándar y el servicio prestado. Nada que ver con aquellos rituales en los que vendedor y comprador negociaban el precio, uno a uno, en cada trato. En los que la enumeración de virtudes y defectos del ganado iba dando paso, a fuego lento, a un precio consensuado y en el que, una vez cerrado el precio, adquiría casi el carácter de una de las leyes de la física. La palabra del Majo, de Santana o del Rubio de Golpejas tenía más peso que las vacas negociadas. La sentencia del Fréjoles iba a misa. Cuando Ramón Sánchez comerciaba con cebones, según escuché relatar a Navalón, el comprador iba cantando el peso de cada cochino en la romana sin que el vendedor osase asomar el ojo a la aguja. Semejante muestra de desconfianza hubiese sido interpretada como un insulto. Quizá acordándose también de todos ellos, Mañueco ha ofrecido Salamanca como siguiente sede de la conferencia sectorial de Comunidades Autónomas para negociar el reparto del Fondo de Reconstrucción, que aparte de aumentar a toda prisa el número de camas UCI con respirador y poner a disposición de los ciudadanos test gratuitos, como ofrecen ya otros países europeos que han demostrado más juicio en la gestión de la pandemia, es el negocio más importante que tenemos entre manos.

    Pero lo que Natura no da, ya sabemos que difícilmente podría Salamanca prestarlo. A diferencia de los tratantes, que negociaban en público, gritando ofertas y contraofertas al eco de los arcos de medio punto, estas negociaciones arrancan ocultas por una opaca red de comisiones y subcomisiones que por naturaleza se prestan al oscurantismo y la corrupción. Ojo, que el dinero no comenzará a llegar, y a cuentagotas, hasta la primavera de 2021, pero Pedro Sánchez ya anuncia que desea convocar desde ahora una de estas conferencias de Comunidades Autónomas todos los meses, pastoreada por la ministra de Hacienda Montoro. Así nos tendrá entretenidos en el telediario. Los 140.000 millones, única esperanza de supervivencia para buena parte de las pymes, llegarán en riego por goteo entre 2021 y 2026, la mitad en ayudas directas y la otra mitad en forma de créditos. Sánchez asume directamente la gestión del dinero, eso es lo único que ha quedado claro, al frente de una “Comisión Interministerial” y una “Unidad de Seguimiento” que suenan igualito, igualito, que la tristemente célebre “Comisión de Expertos” que tomó las fatales decisiones en lo peor de la primera fase de la crisis sanitaria. En el reparto del dinero participará además, anuncia el Gobierno, un “grupo de alto nivel” cuyo objetivo será la “colaboración público-privada”. Y “distintos foros” para garantizar “multinivel” en las negociaciones. No debo ser la única en la que esta red de incógnitos negociadores, sin nombres ni apellidos, despierte cierto recelo. Mañueco, clamando en el desierto, ha pedido que la negociación tenga lugar en una plaza tan conocida y garantista como es el Consejo de Política Fiscal y Financiera. Para algo tenemos las instituciones. También ha pedido que se amplíe el techo de gasto a las Comunidades Autónomas, que se anticipen las entregas a cuenta y que se defina sin privilegios para unos y perjuicio para otros el límite de déficit, que es algo así como reivindicar las cuentas claras y el chocolate espeso. Y Sánchez ha respondido, atención a la frase porque es de antología: “no voy a arrojar certezas sobre la gobernanza del fondo”.

    Para los que vestimos mejor el blusón negro de los tratantes que la chaqueta de traje que no abrocha, moda impuesta por Iván Redondo en la Moncloa, esto se traduce en que no habrá criterios objetivos de reparto, sino que el dinero fluirá a través de “proyectos”, seguramente proyectos amigos y clientelares. Aún así os animo a diseñar cuanto antes “proyectos”, lo más verdes y tecnológicos posible, irreprochables ante Bruselas, último amparo. Y a rememorar aquellos tiempos en que los tratantes eran gente respetada.