24 mayo 2019
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Los socialistas están creciditos

14 may 2019 / 03:00 H.

LOS socialistas se ven ya con la victoria en la mano. Tras ganar las generales, acarician ya el éxito en las municipales, autonómicas y europeas. Pedro Sánchez ya no hace ni campaña. Lleva descansando prácticamente desde la noche electoral. Reapareció en el velatorio del exsecretario general Alfredo Pérez Rubalcaba y prolongó el duelo también el domingo, un día más del que decretaron los socialistas para honrar a uno de los personajes de referencia del socialismo, alejado en los últimos años del “sanchismo” dominante, a juzgar por el “zasca” que le propinó ayer otro insigne del PSOE. Felipe González invitó al presidente Sánchez a integrar a los “rubalcabistas” en su proyecto político, a todos los que ha fulminado de las listas, evidenciando que las relaciones con su antecesor no eran nada amigables.

Personas tan cercanas al exministro del Interior como Elena Valenciano, que fue vicesecretaria general, o el que fuera ministro de Fomento, José Blanco, o incluso la exportavoz parlamentaria Soraya Rodríguez, cuyas discrepancias públicas le han llevado a abandonar la militancia e integrarse en la candidatura de Ciudadanos a las europeas, han sido eliminadas y lo único que tenían en común es que no fueron “sanchistas” en las primarias. González ha admitido que compartía con el exministro fallecido la “sensación de tristeza” por ver que nombres como Elena Valenciano y José Blanco eran apartados de las listas.

Toda una bofetada dialéctica, diplomática pero bofetada en toda regla al nuevo líder socialista, que ha construido su liderazgo con habilidad inusitada para conseguir sus propósitos, eliminando a casi todos los enemigos internos, pero cosechando unos resultados que en otros tiempos —por ejemplo en los de Rubalcaba— le hubieran costado el puesto por segunda vez, pero que ahora le han aupado de nuevo a La Moncloa. En estos momentos los liderazgos no son innatos, se hacen si tocan el poder con los dedos, de lo contrario serán personajes efímeros.

Hay quien atribuye la astuta carrera de Pedro Sánchez al consultor Iván Redondo, quien también le debió recomendar que hiciera la anterior campaña con un perfil más bien bajo, algo que se le torció cuando se vio obligado a aceptar los dos debates televisivos que claramente perdió.

Y ganarán sin hacer nada, solo con alimentar el miedo a que venga la derecha. Los socialistas están en racha y aunque los tiempos de las mayorías absolutas pasaron, Luis Tudanca ya sueña con ocupar el antiguo colegio de La Asunción, la sede de la Junta que se le ha resistido durante más de 30 años, desde que Demetrio Madrid ganó las elecciones allá por el año 1983.

Eso sí, el secretario del PSOE en Castilla y León, sanchista confeso, sabe que solo podrá cumplir su sueño si es capaz de convencer a Francisco Igea, el candidato de Ciudadanos, porque veo poco probable un pacto con sus aliados naturales, los podemitas de Pablo Fernández, que cotizan a la baja y mucho más con el lío que tiene el electorado con tanta coalición y puzle de letras con que concurre la izquierda a estas elecciones.

Igea era muy partidario de un pacto con el PSOE antes de las generales “para echar al PP”, pero los resultados de los comicios del 28 de abril han trastocado todos los planes. Rivera ha pasado del “no es no” solo a Pedro Sánchez, al “no es no” a todos los “barones” socialistas que no se desmarquen de las políticas de coqueteo con el independentismo. Para Rivera ahora es prioritario “engullir” al PP y es posible que sacrifique los deseos de Igea.

José Luis Mateos también se ve de alcalde. Desde 1991, cuando Málaga le arrebató la Alcaldía al PP con un pacto de perdedores con el CDS e IU, no tocan poder. Mateos fue en otra época “susanista”, pero ahora lo veo el más “sanchista” de los “sanchista” y saboreando ya la victoria por adelantado.