15 diciembre 2019
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Los problemas crecen

27 sep 2019 / 03:00 H.

El aspirante a presidente del país -parece que es España, pero sólo se sabrá a partir del 10 de noviembre- tiene como objetivos que ese territorio de cuyo nombre no quiere acordarse y por el que presenta candidatura a las generales sea más verde, feminista, justo y libre. De pensiones, paro, sanidad o vivienda hablará Errejón después, si es que toca.

Tener un país verde que enamore a la histriónica Greta; feminista, pero con la paradoja de que su presidente será un hombre; y, por supuesto, justo y libre -se supone que a imagen y semejanza de su admirada Venezuela de “tres comidas al día”- son los cuatro principios carta de presentación de la nueva formación “Más País”, del candidato Íñigo Errejón.

Según transcurra la campaña y hablen las encuestas no se descarta que acabe apareciendo con la enorme bandera de España con la que mitineó Pedro Sánchez, pero de momento está bien guardada porque ahora no toca ser español, que suena a facha, y a Errejón le va más coronarse como presidente de “la roja”, sin líos.

Ideológicamente “Más País” es primo hermano de “Unidas Podemos”, su politica económica bebe de las mismas fuentes e incluso comparten héroes comunistas trasnochados.

Ahora bien, Íñigo Errejón no es Pablo Iglesias. El “niño” emancipado tiene la imagen de no haber roto nunca un plato -igual que le ocurre a Carmena- y luce el don natural de convertir letras ácidas en amables gracias a un ritmo pausado, en las antípodas del mitinero de asaltar cielos. Con dulzura llega al mismo objetivo que Iglesias, con la peligrosa diferencia de que su música le suena bien al votante del PSOE; atrae con su letra al de Unidas Podemos; y su imagen no desagrada ni siquiera al de centro, entre otras cosas porque no tiene chalet en Galapagar ni a la Guardia Civil vigilando su hogar.

La entrada en escena del aspirante a presidente del país parece que en principio beneficia al PSOE, porque le regala un aliado y es un misil contra Pablo Iglesias, pero a estas alturas nadie puede asegurar que no le restará votos también a Pedro Sánchez.

Será Pablo Iglesias quien se encargará de airear los ‘enormes vínculos’ entre Errejón y el PSOE y, de momento, ya ha augurado que su antes hermano acabará en la formación de Pedro Sánchez, casi nada. La estrategia de Iglesias es situar a Errejón en la órbita de Sánchez para dejar a Unidas Podemos el espacio de la izquierda más radical, porque es la única forma de contener la huida de votos hacia Errejón del votante que lo era también de la formación morada original.

De momento, la primera encuesta de las incontables que se anuncian hasta el 10-N ha puesto nervioso al PSOE, que a través de su secretario general en el Congreso, Rafael Simancas, ha roto la cordialidad con Más País acusando a Errejón de jugar en la liga del “barullo”, las “peleas” y los “ajustes de cuentas”.

Esta encuesta de Gad3 augura al PSOE la pérdida de dos diputados; no podría gobernar con el CS; y obligaría a Sánchez a pactar con Errejón pero también con Iglesias -vuelve el “no es no”- y, además, a lograr la abstención de una ERC que está condicionada por la entrada en escena de la sentencia del “procés”. Total, nuevo bloqueo, de ahí que el papel que Pedro Sánchez designa a Íñigo Errejón sea el de movilizar al votante de izquierda que está cansado y amenaza con quedarse en casa el 10 de noviembre.

A Íñigo no le gustaba la “ultrapresidencia” de Iglesias y a Pablo le dolió que el niño le saliera protestón, por eso le echó de casa. Ahora el niño ha dejado de ser adolescente y está buscando hogar. Pedro Sánchez le anima a entrar en la casa de Unidas Podemos y cierra su puerta por si acaso, porque sabe que tiene tirón y como entre en campaña Carmena derriba más casas que el lobo de los tres cerditos.

Y mientras la izquierda se parte de momento en tres y no se sabe si incluso en cuatro -si Alberto Garzón toma también la palabra-, la derecha se conforma con comer pipas viendo “los problemas crecen” en lugar de bajarse a la arena y llegar a acuerdos: podría ser protagonista de la película que la llevara a La Moncloa, pero se la ve la mar de cómoda abonada al papel de espectadora.