14 diciembre 2019
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Los nuevos antisistema

02 dic 2019 / 03:00 H.
Pablo Montes
Sin tapujos

Encapuchados cubriendo su rostro con un pasamontañas, con un ‘look’ zarrapastroso (aunque esa ropa pueda valer un ojo de la cara) y lanzando piedras contra cualquier símbolo del ‘capitalismo salvaje’. Desde un BBVA, hasta una tienda de Vodafone. Esta es la idea que teníamos hasta ahora de lo que es un antisistema. Un espécimen violento que sale a la calle aprovechando grandes acontecimientos (por ejemplo la Cumbre del Clima de Madrid) para reivindicar la anarquía. Eso sí, con la cobertura económica de sus papis que normalmente se benefician de ese capitalismo cruel para subvencionar a los ‘desgarramantas’ de sus hijos.

El antisistema ya no solo tiene ese perfil. Ahora los vemos enfundados en una americana más o menos ajustada y manchando con sus traseros los escaños del Congreso. Los hay para todos los gustos, desde la extrema izquierda a la extrema derecha. Los segundos ya han dejado en los últimos días su impronta en su indecente lucha contra una realidad aplastante como es la violencia de género. Si hay mujeres que mueren por el simple hecho de serlo y cada año el número aumenta, es que hay un problema de una magnitud desconocida. Ante esto no cabe dar pasos atrás sino trabajar en el aumento de la protección y, sobre todo, en la educación. Que haya víctimas del machismo cada vez más jóvenes es algo que nos tiene que revolver aún más las tripas. ¿Qué tipo de sociedad estamos creando donde las nuevas generaciones no tienen claro el concepto de igualdad? Vox pide al mismo tiempo, en boca de Rocío Monasterio, la cadena perpetua para los maltratadores sin diferenciar el que ha dado una bofetada o el que ha asesinado a su pareja. Un sinsentido que demuestra la grave imprudencia que comete este partido al obcecarse en una realidad en la que solo nos podemos permitir avances, no retrocesos. Como tampoco caben pasos atrás en asuntos que también quieren tocar como los derechos de los homosexuales, el aborto, la muerte digna o algo para lo que ni tan siquiera tienen respuesta ni posición clara: el uso de embriones en la ciencia. El liberalismo consiste en ampliar las libertades, no en limitarlas, y Vox demuestra que sus principios son de todo menos liberales. Más bien es una ruptura de las bases del sistema.

Antisistema es también Rufián y su tropa. Un partido liderado por un vulgar convicto adicto a los callos entre rejas que desde hace décadas se vale de las instituciones del Estado para luchar contra ellas. Nada inquietante si no fuera porque el que pretende ser presidente del Gobierno los coloca como un interlocutor válido. Lo hizo en su día ZP con Carod-Rovira y entonces no había ni golpistas en la cárcel ni una declaración de independencia. Lo que sí hubo fue una reunión entre el entonces líder de ERC y ETA en la que pidió a los asesinos que mataran en toda España menos en Cataluña. Eso revolvió las tripas a los socialistas decentes, pero como era la única opción para tocar poder, se callaron como ratas.

Ahora me consta que esos mismos socialistas clásicos y constitucionalistas tienen sarpullidos al ver que el apoyo de los republicanos catalanes se mendiga de manera obscena. Estamos en un escenario totalmente diferente al de la moción de censura. En aquel momento el respaldo de ERC fue más sutil. Ese fue el clavo ardiendo al que se agarraron muchos en el PSOE para justificar que Sánchez había llegado a la Moncloa con los votos de los antisistema. “No se ha negociado con ellos”, pregonaron cargos del partido del puño y la rosa como Fernando Pablos. ¿Y ahora qué? ¿Cómo justifican esta mugrienta negociación? Callarán como cobardes porque no es tiempo de disidencias y Sánchez ha pasado el rodillo para dejar sin ideas propias hasta aquellos que le dieron la puñalada y se abrazaron a ‘Omaíta’.

Paradójicamente el PSOE es el único responsable del triunfo de los antisistema de los dos bandos. Vox no deja de ser la estrategia que planeó Iván Redondo para dividir a la derecha con el ‘golpe de efecto’ que supuso la ‘resucitación’ de Franco. Y ERC va ser la muleta-bomba en la que se va a apoyar el futuro Gobierno socialista-comunista que acabará con el estado del bienestar. Cojonudo.