13 noviembre 2019
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Llevarnos al huerto

11 nov 2019 / 03:00 H.
Paco Novelty
Escaramuzas

No, no me refiero a lo que van a hacer los políticos con nosotros tras las elecciones, cuyo resultado desconozco cuando escribo esta Escaramuza. Digo llevarnos al huerto porque es lo que se pretende con el florecimiento de los abundantes huertos urbanos comunales, que se han asentado en muchas ciudades de España en los últimos años, el más famoso de los cuales, el sevillano de Miraflores, surgió en una enorme escombrera abandonada en medio de la ciudad, que los vecinos transformaron en parcelas primorosamente labradas. Después crecieron muchos más en Zaragoza, Valencia, Vitoria y aquí el de Carbajosa de la Sagrada, que convirtieron castigados eriales en productivas huertas desbordantes de vida y color.

Entre nosotros, el nuevo plan general de aprovechamiento de las riberas del Tormes, anunciado a bombo y platillo con todo tipo de detalles, planos, presupuestos y hasta maquetas, desde hace no sé cuántos años, que no termina de arrancar, contempla un generoso espacio para dotación de parcelas de huertos urbanos, en la zona de Salas Bajas y Huerta Otea. Bienvenidas sean.

Porque el huerto comunal ha resultado ser un acicate para la convivencia entre vecinos, —educativo y transversal—, porque el abuelo que vino del pueblo a pacer la moqueta —como diría el irónico Aníbal Núñez—, y sabe plantar lechugas y judías, le enseña al nieto, vegano y anillado, a tutelar con varales de mimbre la ubérrima cosecha de tomates, para pesadumbre de la familia, que está ya harta de dar salida a la abundante producción con el obligado plato diario de gazpacho o salmorejo.

Sea como sea, los huertos urbanos, además de aumentar el gasto en las ferreterías, palas y rastrillas, son saludables y competitivos en las destrezas de los aficionados hortelanos y en el cuidado y primor de las parcelas. No estaría mal que el proyecto del Tormes contemple la instalación de una taberna en los alrededores, donde nos puedan servir un pisto de verduras de cosecha comunal con unos huevos fritos de gallinero cercano, aliciente suficiente para acudir al huerto por voluntad propia y no por la de los políticos de turno.