24 agosto 2019
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Líos de pareja

19 jul 2019 / 03:00 H.

El presidente del Gobierno tiene un problema con la verdad. le pasó con su tesis y le ocurre cuando hace declaraciones a los medios de comunicación: 15 de julio. Cadena Ser, en relación a si Iglesias solicitó ser vicepresidente: “Nunca me ha explicitado eso”; Ayer, justificando el veto a Iglesias: “Necesito un vicepresidente que no hable de presos políticos”). Cuando Ferreras (La Sexta, medio favorito de Pedro Sánchez para vender “su verdad”) le recordó que sólo dos días antes había negado la mayor, es decir, las pretensiones de Iglesias, Pedro Sánchez justificó su mentira en que “yo no quiero airear conversaciones privadas”.

Es conocida la enorme discrección de Pedro Sánchez, no hay más que consultar su autobiográfico “Manual de Resistencia” para ver como desvela, sin ningún tipo de pudor, conversaciones privadas con el Felipe VI, como que “fue el Rey quien me desgranó la propuesta de Iglesias, que quería formar Gobierno conmigo” o que el monarca le telefoneó preocupado por la situación de bloqueo del país, amén de su relación de complicidad. Terrible.

Como la tumba que es si hace dos días se agarraba -simplemente porque no le interesaba- a que no podía revelar las conversaciones privadas con Pablo Iglesias, ayer se despachó a gusto, asegurando que el líder de Unidas Podemos le reclamó una Vicepresidencia “social”, Hacienda, Trabajo, Seguridad Social además del control de la Comunicación, o que las cuatro reuniones que han mantenido se han centrado en un 99,9% en la presencia de Iglesias en el Gobierno. Pulla a la formación “morada” -porque no piensa en programas, sólo en cargos- y golpe bajo a su líder, al que acusa además de no controlar ni su partido después de votaciones como la de La Rioja, donde la única diputada de Podemos promete dar mucho juego no se sabe si ahora o en la reválida de septiembre.

Con semejante trayectoria lamentablemente queda en el aire si lo que contó Pedro Sánchez sobre las pretensiones de Pablo Iglesias es verdad -parece que sí porque Irene Montero ha exigido al presidente que rectifique pero sólo por haber puesto en duda que Iglesias defienda la Democracia- y lo que le llegó a ofrecer el PSOE a Podemos, si realmente fueron las carteras de Juventud, Comercio y la Presidencia del Congreso de los Diputados. En su momento también quedó en el aire si Pedro Sánchez ofreció a Albert Rivera la Vicepresidencia del Gobierno en 2016.

Lo que sí es cierto es que ayer Sánchez escenificó una riña cruel como las que dejan a las parejas al borde del divorcio pero con margen de reconciliación: los más allegados aplazan posicionarse porque no se saben si al día siguiente saldrán de la mano o irán con los papeles al juzgado.

Son tal para cual, cuñas de la misma madera, y a lo largo de estos años se han mostrado unidos en la salud y en la enfermedad y, sobre todo, en relación a Cataluña, que nunca ha sido la “otra”, que dice Pedro Sánchez, sino la amiga a la que iban a visitar de la mano día sí y día también.

El problema de esta pareja es la falta de confianza. Lo decía, Pedro Sánchez en el libro oráculo más conocido como el del colchón: “No conseguimos superar la barrera de la desconfianza”, revelaba sobre Pablo Iglesias. Y ayer se confesaba ante Ferreras al decirle aquello de “no puedo permitir que entre alguien dentro del Gobierno con el argumento de que me quiere vigilar. Que no se fía de mí”. Ahí está la causa, no en Cataluña.

Si Pedro Sánchez se ha mostrado poco fiable, Pablo Iglesias aparece como cuña de su misma madera, con revelación de conversaciones privadas o giros bruscos, porque el que ahora quiere cargos es el mismo que en su libro “Una nueva transición” (2015) mantenía que “un Podemos con la fuerza suficiente para exigirle al PSOE dos ministerios importantes y entrar en el Gobierno podría ser algo que nos diera experiencia de Gobierno, pero nos destruiría electoralmente”. Ahora Podemos está destruido electoralmente e Iglesias necesita pagar el chalet.

No hace tanto que Pablo Iglesias llamaba “Kent” a Pedro Sánchez y reconocía que le parecía “enormemente atractivo”. Errejón acecha y a ninguno de los dos les convienen nuevas elecciones con un tercero a la vista. Líos de pareja.