25 septiembre 2020
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Leyes para capear el temporal

15 sep 2020 / 03:00 H.

    La tradición es ley en los casos de corrupción. Pablo Casado es muy tradicional y cumple el rito agarrándose con una mano al ‘mantra’ de ‘permisividad cero’ con los corruptos mientras con la otra utiliza la técnica del calamar, expandiendo la tinta de chanchullos de partidos competidores.

    El presidente de los populares hace malabarismos mientras arrecia sobre su cabeza la lluvia de turbias revelaciones sobre el espionaje del Gobierno de Mariano Rajoy a Luis Bárcenas. Echar del partido al gallego impasible, a la Cospedal de sus Dolores y al gafe Fernández Díaz quedaría muy bien ante la opinión pública, pero es que a los actuales inquilinos de Génova 13 se les hunde el suelo bajo los pies. Acaban de darle una patada a la derecha auténtica de José María Aznar en el culo (con perdón) de Álvarez de Toledo por lo que enterrar ahora el rajoyismo-tancredismo-utilitarismo supondría perder todos los referentes ideológicos. No le queda más remedio que apechugar con Kitchen y aguantar el chaparrón que diluviará sobre él la todopoderosa maquinaria mediática de la izquierda. Con el triste consuelo de que, hasta hoy, tras la tormenta siempre ha escampado.

    Ayer Casado dijo una obviedad sobre el “caso Kitchen” de esas que se confeccionan en la primera reunión de la mañana con los expertos en imagen para provocar titulares: “No voy a pasar ni una. Quien la haga, la va a pagar”. Para comprobar lo obvio de la frase solo hay que darle la vuelta: estaría bueno que el PP dejara pasar una (gorda) o que no hiciera pagar el desaguisado a aquellos que lo provoquen.

    Estuvo más atinado cuando pidió “el mismo rasero para todos” y aludió a los casos de los EREs andaluces o las Filesas del PSOE y al escándalo del extesorero, los sobresueldos y las tarjetas de Pablo Iglesias. Viene bien traer esos asuntos para recordar que los socialistas hicieron (también con el GAL) lo mismo que hizo el equipo de Rajoy con el corrupto Bárcenas: negar la mayor, echar la culpa a los jueces, a la policía y a los medios de comunicación, destruir pruebas y taparle la boca con billetes a los testigos. Los de Podemos han pasado ya por la fase, también de manual, del manido intento de destrucción del denunciante y ahora se encuentran enmierdados en la denuncia de una confabulación “judicial y mediática” contra la figura de su amado líder. En línea con el PP y el PSOE más rancios.

    Nada nuevo bajo el sol y un semejante olor a habas cocidas en todas las sedes, aunque los de Ferraz son los únicos que aparentan unidad, tras la depuración y el pase a cuchillo de todos los disidentes con el sanchismo rampante. Y aún así se producen grietas, como la que descubrían las declaraciones del alcalde de Valladolid y (todavía) portavoz de la Ejecutiva nacional del PSOE. Ha vuelto a liarla Óscar Puente, cuyo perfil cada día se parece más al de su antecesor Javier León de la Riva: les une el ser dos políticos irreverentes a los que sus padres debieron bautizar con el nombre de Modesto, por la humildad y la discreción con la que ambos se desenvuelven.

    No se le ocurrió otra cosa a Puente que arremeter, en una entrevista en El Mundo, contra su jefe el secretario regional y portavoz socialista en las Cortes, al que acusó, con otras palabras, de tibio, melifluo y blandengue, aparte de desnortado, que es casi lo peor.

    A Puente le hubiera gustado que Luis Tudanca no hubiera firmado el Pacto por la Comunidad en el que se retrató junto a PP, Cs y Podemos, y que estuviera todo el día en pie de guerra, como está Casado con Sánchez, sin ir más lejos. Puente es portavoz de la Ejecutiva nacional y ya sabemos que en Ferraz lo que se lleva es hacer oposición a la oposición. Y donde no gobiernan, tirarse a la yugular de Alfonso Fernández Mañueco, al igual que se tiran al cuello de Isabel Díaz Ayuso, constituye para ellos una obligación sagrada.

    Lo mejor fue la respuesta de Tudanca, que se limitó a loar “la magnífica gestión” del PSOE en el Ayuntamiento vallisoletano. Es mentira, pero qué lección de elegancia le ha dado el burgalés al histriónico Puente.