04 marzo 2021
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Leña (y fuego) a un mono criminal

    Con todo el dolor de mi corazón voy a tener que darle la razón a Pablo Iglesias. En España no hay una situación de plena normalidad democrática. Esta pasada semana se ha demostrado. Incluso me he tenido que frotar los ojos para cerciorarme si las imágenes que estaba viendo y las declaraciones que escuchaba formaban parte de una pesadilla macabra o correspondían a la tozuda realidad. Por supuesto que no tiene nada de democrático que el portavoz de uno de los partidos que está en el Gobierno aliente sin tapujos la violencia callejera. Pablo ‘Echeminga’ se ha puesto al mismo nivel que los excrementos humanos que se están dedicando a quemar contenedores, saquear tiendas y lanzar adoquines a la Policía. Su vileza criminal es idéntica y lo único que un país democrático puede hacer es que pague por semejante insensatez. Que se enfrente una vez más a los tribunales y desaparezca de una puñetera vez de una escena política en la que nunca debió estar. Porque su presencia en el hemiciclo es similar a la de carcoma en una viga de madera. Es una vulgar larva.

    ‘Echeminga’ es el mamporrero de Iglesias, pero su degradación moral es idéntica. El otrora coletas ha guardado silencio para evitar condenar la ‘kale borroka’ que se está viviendo en varias ciudades españolas. Porque esos actos no son protestas a favor de un ridículo rapero que no está capacitado ni para dibujar con un seis y un cuatro la cara de su retrato. Eso se llama terrorismo con todas las letras. Alguien que acude a una supuesta manifestación con un adoquín o ejecuta emboscadas perfectamente planificadas es un criminal. Me da igual que tenga 16 años que 25. El castigo debería ser el mismo. Pero Iglesias pasa. Porque ya lo dijo en más de una ocasión. La violencia es una vía legítima. Espero que piense lo mismo si mañana asaltan su palacete o si llenamos las sedes de Podemos de residuos sólidos urbanos para que cumplan su verdadera función: la de vertedero.

    Los llamados “antifascistas”, que no dejan de ser fascistas de manual que llevan el odio por bandera, forman parte de la masa social ‘podemita’. Por eso no nos debe sorprender esta complicidad. Lo más vergonzoso es que Sánchez no rompa inmediatamente con sus socios. Los cargos y militantes decentes del PSOE se echan las manos a la cabeza ante una pasividad que está degradando todavía más la imagen del partido del puño y la rosa. Hay tanto miedo a perder las poltronas que tragan con todo. Hace falta ser mezquino. Es hora de que alcen la voz o se convertirán en cómplices de esta ignominia.

    La actitud del Gobierno está dejando vendidos a los miembros de los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado. ¿Tiene que morir un policía para que alguien reaccione? Por si Marlaska o Chiqui Montero no se han enterado, el que lanza un adoquín a un agente de la autoridad lo hace para matarlo. Ni más ni menos. Por tanto, estamos ante asesinos. Terroristas a los que no les importaría degollar sin compasión a un uniformado. Escuchaba con estupor a la abogada de esta escoria decir que sus clientes “solo se defienden de la Policía”. Esta afirmación es un oxímoron. Una muestra de bellaquería inaceptable en un país democrático.

    Los agentes no pueden permanecer indefensos ni un minuto más. Poniendo la otra mejilla ante unos energúmenos que solo desean su muerte. Leña al mono sin compasión y sin complejos. Eso sí, con el amparo del Gobierno y de la Justicia. Leña y fuego si es preciso. Porque nada debería impedir en un país civilizado que un policía usara su arma cuando el terrorista que tiene delante le va a lanzar un adoquín o una papelera.

    Si el Ejecutivo no corta de raíz esta escalada violenta antes de que se le escape de las manos, Pablo Iglesias tendrá razón. Porque aquí ya no hablamos de libertad de expresión y de los delitos de injurias. Me da igual que el tal Pablo Hasél diga que el emérito se revuelca con Corinna o con Bárbara Rey. Lo importante es que este personaje está condenado por agredir a un periodista y por amenazar de muerte a un testigo. Que no nos confundan. Esto no es cuestión de unos tuits vergonzosos. Esto es delincuencia pura y dura que no cabe en una democracia.

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