17 agosto 2022
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Lejano oeste

16 mar 2022 / 03:00 H.

    Me conmueven las historias de voluntarios que viajan de España a Ucrania para traer en sus coches, furgonetas o autobuses a refugiados que carecen de medios propios para escapar de la guerra, un gesto de solidaridad de más de siete mil kilómetros que, en medio de la atrocidad, inspira esperanza.

    No es mi intención frivolizar, pero quizá tengamos que terminar recurriendo a este tipo de solidaridad ciudadana en un futuro no muy lejano para socorrer a las personas que necesiten viajar entre Madrid y Salamanca. Llegar a la T4 desde cualquier aeropuerto del mundo es relativamente sencillo, pero si lo que pretende el viajero es la proeza de llegar hasta Salamanca... ¡ahí comienza la aventura!

    Los autobuses de Avanza salen con cuentagotas y solo hasta la hora del té. El trayecto en autobús se eterniza dando vueltas por Madrid, en un trayecto que no puede soportar un anciano, ni tampoco una madre con un par de niños pequeños, por lo que hay sectores de población que sencillamente quedan excluidos del servicio.

    Por no mencionar que la compra de billetes a través de internet persiste en la avería. En cuanto a la frecuencia de trenes, también hipotensa, se aproxima cada día más al pulso de un cadáver y exige a menudo para llegar a tiempo tomar un taxi desde el aeropuerto a la estación que cuesta más que el billete de tren. Avances del siglo XX como el AVE no llegan a este fin del mundo. Si esto continúa así, tendremos que llegar a Salamanca en diligencia, medio apropiado para este lejano oeste de España y Europa, territorio sin ley de servicio público. La A6 se ha convertido en la vía por la que nos alejamos más y más del mundo, un castigo por el que además nos cobran peaje. En todos los caminos del oeste hay forajidos.

    La nube de polvo aporta ahora ese toque desértico y anuncia duelo. Es necesario identificar y colgar cuanto antes un cartel de “se busca” con el retrato de los responsables de este abandono, que no es otra cosa que un abuso de licitaciones públicas y de Ertes, que permiten seguir embolsándose dinero calentito sin prestar el servicio.

    Y hay que moverse y protestar. Chicas, ¡al salón! Otra de las justificaciones de la manifestación del 20 de marzo, al menos por parte de esta tierra, es la desidia con que se desprecia nuestro sistema de transporte, que nos deja relegados al ostracismo.

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