05 diciembre 2019
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Leer el periódico

22 jul 2019 / 03:00 H.
Paco Novelty
Escaramuzas

Como tanta gente de mi generación y de las anteriores desde la invención de la imprenta en 1440 por Gutenberg, la lectura de los periódicos es una costumbre, casi una obligación matinal. El olor de la tinta recién impresa, la calidad de la tipografía, el tacto del papel, son inseparables, en la conciencia del lector con el ejercicio de adentrarse en las páginas del diario.

Por suerte o por desgracia estoy relatando una pasión que está desapareciendo a toda velocidad. Los más jóvenes apenas leen los periódicos y los pocos que lo hacen atisban superficialmente su formato digital. Debo decir que leer los periódicos en formato digital, tal vez por tener escasas destrezas ante la pantalla, es un coñazo. Cuando estás empezando a cogerle el tono a un artículo denso te asaltan tres marcas de coches a cual más dinámico y futurista, y cuanto más asombrado estás enterándote de las gilipolleces de Trump, te bombardean con anuncios de hoteles en la Costa Brava por los que te interesaste hace meses.

No sé si será general el estropicio, pero la lectura en esas condiciones es incómoda, troceada y acaba siendo tan insustancial que sólo recaba en los titulares, sin provecho alguno y con una absurda urgencia por acelerar la búsqueda del titular siguiente, que está sitiado por una muralla de saldos de todo tipo de cachivaches, que te mandará Amazón en cuanto pulses por equivocación un centímetro arriba de la editorial.

Entiendan este lamento como una pataleta inútil y algo burlona de recién jubilado. Aunque estoy casi seguro que mis escasos lectores, los que lo hagan con la edición de papel en la mano, participarán de parecida opinión, por edad, dignidad y gobierno, como decía el añejo y ultra ortodoxo catecismo del Padre Astete, cuyo obligatorio aprendizaje tantos ejercicios de memoria exigía. Casi tantos como los que tendrán que hacer nuestros nietos para recordar a su abuelo en verano, sentado en el portal de casa en una silla de enea, tocado de sombrero Panamá, con un periódico de papel entre las manos. Anacrónica instantánea en la que hoy me reconozco.

O témpora, o mores.