19 junio 2019
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Las cifras

10 abr 2019 / 03:00 H.
Maite Conesa
Diario Quincenal

Si tuviera que interpretarles a diario la actualidad, documentarla, descifrarla, datarla, contextualizarla y devolvérsela a ustedes en forma de crónica, en esta sociedad que nos envuelve, caería aplastada bajo el peso de mi propia época, contemplada, eso sí, con nitidez tecnológica y sociológica cegadora. Vivimos a duras penas camuflados entre las cifras y los perfiles que trazan de nosotros encuestas, sondeos, estudios de mercados y lo último en lo que los algoritmos informáticos nos han convertido, gracias a nuestro exhibicionismo patológico y a la encerrona diaria a la que nos someten quienes los administran: somos presas fáciles para la reconducción de nuestros deseos hacia sus intereses, ya sean llenar carritos virtuales o urnas.

Nuestro rastro diario en la web es aprovechado y convertido en itinerario ordenado y acosador salpicado de pantallas que nos asaltan y nos impiden continuar navegando en cualquier página, incluidas las de marcas y empresas de solvencia. Pantallas y pantallas de todos los tamaño nos invaden la nuestra y nos recuerdan que pasaron los tiempo felices de descubrimiento de la herramienta increíble y del juguetito mágico y que llegó la hora de la verdad más salvaje: si no aceptas cookies, no avanzas.

Es como cuando nos llevaron a vivir lejos de las ciudades porque el centro urbano era económicamente prohibitivo, para convertirlo, cinco décadas después, en parque temático turístico. Ahora que es imprescindible la web en nuestras vidas nos arrojan a los márgenes eternos sin llegar a terminar nunca de leer o de ver lo que inicialmente nos atrajo. Entro en bucle y ya no sé si he comprado la alfombra que buscaba, ayudo a una ONG, he reservado un tratamiento sensual en un spa de Venecia, espero que acompañada, o he hecho del té verde mi religión. Acerco mi dedo al abismo definitivo: ¿Quieres ser probadora de primeras marcas?. Tardé mucho, pero en un ataque de indolencia, pinché. Creí que no volvería a ver la luz, ni a escribirles...

Vivimos aplastados por las cookies y por las cifras. Es difícil ser un grupo humano de amplio espectro útil para todos, multinacionales, gobernantes y gobernados. Siempre demasiados, para unos, o demasiado pocos para otros. Pero nunca suficientes para alzar nuestras voces y nuestra dignidad de ciudadanos reales.

Claro, que nunca imaginamos que podrían juntarse tanto los dos mundos. De las cifras y la tecnología surgen modelos preocupantes. Uno de ellos nos lo cuenta la película británica Brexit (Toby Haynes, 2019) brillante investigación sobre el uso que hacen partidos políticos emergentes de la intención de voto de amplias capas poblacionales definidas por algoritmos en la red. Otro lo bendice Google Play y App Store. Se llama Absher, predicador, y es una app autorizada por el gobierno saudí para controlar a sus ciudadanas. A golpe de click sus maridos o padres pueden bloquear su pasaporte o saber dónde están. Y cuenta con diez millones de ¿usuarios?