17 agosto 2019
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Las 10 palabras malditas

16 ago 2019 / 03:00 H.

Y pronunció las 10 palabras malditas: “Hay que combatir el machismo pero no a los hombres”. Y se armó en las redes sociales a pesar de que lo que dijo Isabel Díaz Ayuso es lo mismo que pregonan desde hace años los colectivos feministas y de izquierdas: igualdad de hombres y mujeres y lucha contra las actitudes machistas o, lo que es lo mismo, ampliar derechos a las mujeres sin restringir los de los hombres. Y lo explican fácil: que una mujer tenga derecho a votar no significa que a los hombres se les prohíba. Con la teoría, es realmente inexplicable la avalancha de críticas a la recién elegida presidenta de Madrid.

El problema radica en que una parte del feminismo y de colectivos de izquierdas se tomaron las palabras de Díaz Ayuso como un ataque frontal porque si bien la teoría que predican está contenida en esas 10 palabras ahora incomprensiblemente malditas, en la mayoría de manifestaciones del 8-M no ha faltado el famoso grito “aquí estamos, nosotras no matamos”.

Como es lógico, los hombres no machistas ni violentos se han sentido injustamente perseguidos y acorralados en estas protestas y las palabras de Díaz Ayuso van en esa línea... y en la de contentar a Vox, que ha hecho suya la bandera de salvar al hombre de la generalización que gritan las “feminazis”, que no las feministas.

Que las críticas al discurso se centraran en las 10 palabras cuando fue construido sobre las arenas movedizas de contentar a Vox, a las mujeres, a su propio partido y a Cs, habla bien de la capacidad de la nueva presidenta de Madrid. Sí se la podía criticar porque obvió mencionar “violencia de género” para no ofender a Vox, que sigue en su defensa de ampliar la definición a todo tipo de violencia en la pareja -de hombre a mujer o de mujer a hombre- cuando ahora a lo que se refiere es a relaciones de poder de los hombres sobre las mujeres. No pasaría nada por ampliar la denominación a los aislados casos de mujeres que matan a hombres pero lo que no hay que obviar es que, por mucho que se quiera contentar a todos, es necesario mantener, también en la Comunidad de Madrid, una política activa contra la violencia machista.

La triste realidad es que desde que comenzó el año 38 mujeres han sido asesinadas por sus parejas o ex parejas y 1.013 desde 2003. Y que este verano está siendo especialmente cruel, con diez mujeres y dos menores asesinados desde el pasado 21 de junio. Si en el 90% de los casos los homicidas de las mujeres son hombres, sólo en el 11% quienes matan a los hombres son mujeres. Con estos datos no se puede meter en el mismo saco de medidas las dirigidas a la protección del hombre que de la mujer, más si se tiene en cuenta que no se incluyen en esta estadística mujeres asesinadas por el hecho de serlo, como fueron Diana Quer, Laura Luelmo o tantas otras, y aquí cuenta también el incremento de manadas de monstruos.

La violencia de género, entendida en los términos actuales, es una realidad y también el hecho de que el mundo de la libertad idílica no existe por mucho que nos digan lo contrario, sobre todo los llamados colectivos de mujeres libres. Hoy, como por otra parte ha ocurrido siempre, no es aconsejable frecuentar lugares peligrosos o ir a zonas poco transitadas, especialmente de noche. Se nos llenó la boca con la palabra libertad y olvidamos que, por mucho que nos duela, existen riesgos evidentes e imposibles de suprimir si eres mujer y también, aunque diferentes, si eres hombre. Es el “ten cuidado” que nos decían en casa y que lo hemos aparcado como si metiéndolo en un cajón fuéramos más libres.

El ruido ficticio lo arrastran esas 10 palabras pero lo preocupante es la imposibilidad de obviar la violencia de género por mucho que diga Vox y también que Íñigo Errejón se dirigiera a Isabel Díaz Ayuso con un tono paternalista de machista de libro porque lamentablemente evidencian que hemos avanzado muy poco en igualdad.