22 septiembre 2020
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Ladran, luego cabalgamos

12 ago 2020 / 07:37 H.

    El mismo día que tomó posesión arreciaron las críticas por el vestido que llevaba. A sus detractores les faltó tiempo para decir que Isabel Díaz Ayuso iba como Frozen, aunque visto en la distancia de su fondo de armario, el azul que eligió para ese día era fiel al estilo que ha lucido desde entonces, sin más, tan respetable como el estilismo de otros. Pero los comentarios machistas fueron de lo más socorrido para darle la bienvenida, lo que en este país tan sensibilizado, jamás se consentiría con otras políticas y el feminismo habría saltado en bloque. Pero Díaz Ayuso ya había despotricado sobre el 8-M, convertido según ella por la izquierda “en una suerte de victimismo para empobrecer y dirigir a la mujer”. Poco se alabó que tuviera la enorme valentía de acudir sin velo a la final de la Supercopa en Arabia Saudí.

    Díaz Ayuso aguantó la primera crítica como también, hasta su archivo por parte de la Fiscalía, el brutal vapuleo al que fue sometida por la denuncia que presentó Más Madrid solo un mes después. Fue el caso Avalmadrid y el famoso préstamo a una empresa participada por su padre. Hasta que se demostró su inocencia, acaparó portadas y pasó por el duro trance de escuchar barbaridades sobre su familia. Con eso se curtió porque se ha convertido en la política de derechas más perseguida por la izquierda.

    Ha dado motivos para la crítica -los menús infantiles de pizza fueron un error, como la fotografía como dolorosa, igual que la precipitación en anuncios como la cartilla COVID o los rastreadores voluntarios-. Pero también ha tenido grandes aciertos, como IFEMA, hospital de emergencia para la situación más dura que ha vivido Madrid en su historia y que fue un ejemplo para el mundo. Pese a eso también supuso otro argumento de crítica para sus detractores, que querían ver solo en su interior caos y barullo -que en ese momento eran patrimonio universal- y no la solución que supuso para salvar tantas vidas. Erró en su clausura con un acto en el que no se respetaron las medidas de seguridad y pidió disculpas, igual que hizo el alcalde Almeida.

    El reconocimiento forzado del Gobierno central de que no había comité de expertos y que la decisión sobre cada cambio de fase se adoptó con criterios políticos, le ha acabado además dando la razón a la presidenta sobre el trato discriminatorio que sufría Madrid. Y en su favor también cuenta la labor que hizo para abastecer de material sanitario a Madrid cuando el Gobierno central era incapaz de conseguirlo. Hasta fue criticada por regalar mascarillas a los madrileños porque supuestamente no valían para nada y también por pedir más vigilancia en Barajas, cuando ahora está demostrado que la mayoría de países que abanderan el “turismo seguro” piden PCR a los viajeros que entran y la gente viaja a ellos con más motivo.

    Díaz Ayuso fue candidata sorpresa a la comunidad, presidenta sorpresa y también ha sido una sorpresa incluso para miembros de su propio partido porque algunos creían que podrían manejarla: no esperaban de ella que tuviera personalidad propia.

    Lejos de ser una muñeca de porcelana con la lágrima fácil nadie puede decir que no se ha mostrado como una mujer con carácter que rompe esquemas porque se comporta con una naturalidad más propia de la izquierda que de la derecha. Por eso desquicia a la izquierda, porque Díaz Ayuso se corta tan poco como los “nuevos políticos” a la hora de defenderse desde su cargo, alejada de esquemas rígidos.

    La última prueba la dio ayer en Candelario, donde llegó con su coche y buscó la charla con la gente del pueblo. Tampoco tuvo ningún reparo en conceder una entrevista, algo que no harían la mayoría de políticos y más si, como en su caso, solo disfrutaran de 4 días de vacaciones. Por cierto, que ese descanso también fue criticado. “Perdón por no ser socialista”, dijo Díaz Ayuso en alusión al Falcon, en una salida muy en su línea. Díaz Ayuso habría ganado las elecciones si se hubieran celebrado en junio, igual que Almeida y la fortaleza de este tándem es lo que tiene desquiciada a la izquierda. Se meten con Díaz Ayuso porque no se atreven con Almeida, pero es que al alcalde de Madrid le viene fenomenal el parapeto de la presidenta.

    Para desgracia de sus detractores, Díaz Ayuso vuelve fuerte y a diferencia de otros, como el Gobierno casi en pleno, solo necesita 4 días de vacaciones. Ladran, luego cabalgamos.